Algo tan neutro, pero a la vez tan explícito, como son las acepciones que el DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA hace de nuestro rico idioma castellano, nos puede ayudar a entender como se ha llegado al punto de desencuentro entre gran parte de la población catalana y el gobierno de Mariano Rajoy… incluso nos puede dar pistas sobre la posible resolución de un problema que arrastramos desde hace 600 años y que ningún gobierno, ni monárquico, ni dictatorial, ni republicano, ni democrático, ha sido capaz de solucionar.

 NACIÓN: Conjunto de personas de un mismo origen  y que generalmente habitan un mismo idioma y tienen una tradición común.

 IMPERIALISMO: Actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro por medio de la fuerza militar, económica o política.

No parece que nadie pueda extrañarse de que muchos catalanes ( aunque no todos) sientan que son una nación, y que como tal se perciban víctimas del imperialismo ejercido históricamente por diferentes gobiernos del estado español ( que no por todos).

Dicho esto, y una vez cruzado el peligroso abismo del 1-O, esperamos que de forma pacífica y festiva, ambas partes deberían ir pensando en la siguiente definición.

 UNIÓNAcción y efecto de unir o unirse. Correspondencia de una cosa con otra. Conformidad y concordia de los ánimos, voluntades o dictámenes.

Y creo que no hará falta decir que estas mismas acepciones se contemplan en el DICCIONARI DE LA LLENGUA CATALANA.

Esto que parece tan obvio y tan sencillo, es poco menos que imposible entretanto esté en manos de políticos de la derecha neo-liberal, que han encontrado en este gravísimo y peligroso desafío la manera de esconder sus vergüenzas, seguir robando y empobreciendo a sus respectivos ciudadanos , y mantenerse en el poder gracias a los votos del odio al contrario. Unos y otros son responsables de haber creado a un monstruo de Frankestein que hace mucho se les ha escapado de las manos y que ahora está en las de una sociedad civil, a la que seguramente le sobran las razones, pero que ha crecido a base de lícitas pero falsas esperanzas.

Solo un gobierno progresista en Madrid y Barcelona, en el que necesariamente tienen que participar tanto los socialistas como los podemitas, pueden evitar el desastre final al que parece abocarse este antiguo e irresoluto conflicto entre hermanos.

TONI RODECUES. Opinión, para El Pueblo Que Queremos

 

El diccionario de La Real Academia de la Lengua Española, Guía para el 1-0

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