El año de La deshumanización… o “La Otra Vida”

La deshumanización.http://www.jujuyalmomento.com/upload/img/refugiados-francia_2458.jpg

El descontrol y desacuerdo.

El desamor y la desesperación.

La desobediencia.

Por Beatriz Ortigosa. Voluntaria en Calais, “La Jungla” Francia

Realmente no sé qué esperar del 2017. Este año he tenido la oportunidad de vivir momentos muy diferentes, muy buenos, muy malos y muy nuevos, todos de golpe y en un lapso de pocos meses.

Para quien no lo sepa, este verano he podido hacer voluntariado en el campo de refugiados de Calais, bien llamado La Jungla, durante un poco más de mes y medio. Y es lo que me lleva a escribir sobre este tema, que nos concierne a todos.

Todo el mundo sabe lo que pasa pero no todo el mundo lo quiere ver y, aún el que lo quiere ver, no puede tenerlo claro al 100% sin presenciarlo, porque imaginarse el día a día de miles y miles de personas, en tan distintas partes del mundo, y tan “democráticas” partes del mundo, que huyen de la guerra, del hambre, de la miseria, de la ausencia de calidad de vida, de la tortura, de lo que sea, y siguen luchando sin parar, es imposible y es aterrador. No se me ocurre otra palabra, porque viven una historia de TERROR que no ha terminado para nada.

Está pasando, ahora mismo, mientras escribo esto.

Rezhai,  un chaval de 15 años, que no sabe dónde está su familia está buscando refugio entre las calles de París, en pleno invierno, tras tener que huir del desmantelamiento de La Jungla, porque no le han considerado menor de edad. No habla francés, apenas inglés. No conoce a nadie y tampoco sabe quién puede ayudarle. ¿Qué harías tú ?

Es una de las miles de situaciones que se están viviendo aquí mismo. Personas que vienen de Afganistán, Sudán, Siria, Irak, Pakistán, Etiopía, Eritrea, incluso Kuwait. Todos víctimas del terrorismo institucionalizado, que es lo más frustrante. Nos cuentan lo que quieren y nos hacen pensar que son conflictos casi entre tribus o religiosos todos, que nosotros somos “los buenos” y sólo queremos ayudarles a pacificar o sólo nos defendemos… Pero no hablan del negocio que siempre hay detrás, España es el 7º país en venta de armas, con su pico de venta en 2015 y un 25% de la cual va a Oriente Medio, no mencionan jamás la dimensión humanitaria que estos “conflictos” conllevan. No todas las vidas valen lo mismo para ellos, los dueños del mundo, ellos hacen una industria de lo que me imagino que consideran “desechos humanos”. Porque, por ejemplo, poco tardó Francia en jactarse de haber hecho una venta por valor de 10.000 millones de euros en armas a Arabia Saudí, país que está cometiendo un GENOCIDIO en Yemen, igual que poco tardó en entrar en Mali y en Níger en “misiones humanitarias” pero sin decir que su objetivo era controlar las minas de uranio. Sobra decir que de humanitario y de reconstrucción, poco.

Aun con todo, nos convencen para que nos parezca bien la construcción de muros “antipersonas”, que estemos de acuerdo en pagar (porque lo pagamos) la intervención armada de la policía en las fronteras (Frontex, Europol, los navíos de la OTAN…). Porque el derecho internacional recoge el derecho de las personas de salir de su país, pero ya lo de entrar y residir en otro… está más complicado. Y, claro, para pedir asilo, tienes que llegar al propio país, no vayas a pedirlo sin haber ejercido antes tu derecho de salir del tuyo, que para esto está.

Y la peor mentira es que nos convencen de que tenemos libertad. De que debemos dar gracias de vivir en el mundo en el que vivimos porque somos libres. Lo que no dicen es que esa libertad de la que hablan, es libertad de COMERCIO.

Negocios legítimos o ilegítimos, poco importa, que dependen de las POLÍTICAS exteriores e interiores de los países. Remarco aquí la palabra política porque, ante tanta desolación, hay que empezar a ver por dónde van las soluciones. Y, aquí, si lo que hay que cambiar es la política, tenemos la responsabilidad de hacernos con ella, todos, sin falta.

Parece un mensaje muy pesimista y, tras un primer vistazo, lo es. Pero es sólo una de las realidades que se nos presentan. Por suerte, hay muchas otras y hay mucha gente dispuesta a que esas realidades sean las que destaquen.

De mi experiencia en La Jungla, me he llevado muchas cosas de muchas naturalezas, pero, sobre todo, me he quedado con la generosidad extrema, las ganas de vivir y de prosperar, y la esperanza casi infinita de muchísima gente que ha vivido cosas inimaginables. Y hablo tanto de las personas desplazadas como de los voluntarios tan magníficos que he tenido la suerte de conocer.

Aprender de cerca las costumbres, los valores y la manera de adaptarse que tienen tantas personas tan diferentes, ha sido increíble. Y, por supuesto, hay muchos conflictos, hay tráfico de personas para prostitución y para venta de órganos… hay, en resumen, las condiciones que podría haber en cualquier lugar en el que convivan tantas personas tan diferentes que no tienen otra cosa que hacer que sobrevivir, en el sentido más literal de la palabra. Aún así, personalmente, nunca he sentido miedo estando allí, de hecho, aquí en Madrid he podido sentirme más insegura en ocasiones. Y la mezcla de tantas sensaciones es algo inevitable y enriquecedor.

Lo que allí se vive es indescriptible y el primer paso para cambiarlo es, sin duda CONOCER la realidad.

Si no, no podremos cambiarla ni ser optimistas. Y es algo que desde aquí se puede hacer. No nos damos cuenta del poder del consumo y, sin embargo, de nosotros dependen las relaciones económicas de todo tipo. Afortunadamente, cada vez somos más personas las que estamos dispuestas y decididas a dar ese giro a nuestro mundo y yo invito a todos a que se unan al esfuerzo.

Beatriz Ortigosa para El Pueblo Que Queremos

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