A las preguntas ¿para qué se educa? o ¿qué valores se deben promover con la educación? el ministro Wert respondía  se educa para el mercado. Mercado en su acepción de selva en la que sólo los más ambiciosos, egoístas, superfluos, competitivos e individuales, sobreviven, siempre, claro está, que tengan el dinero necesario. Pauta educativa bien perfilada en engendros del entretenimiento como Micropolíx, ciudad en la que los niños emulan a los mayores “trabajando” y… “trabajando” para ganar dinero.

El sabor de boca que la cultura educativa reinante -salvo excepciones elogiosas- y el rastro wertiano nos dejan, deben enjuagarse cuanto antes para colaborar en la ardua tarea de convencerse y convencer de que “en Educación, no está todo perdido”. Y para ello nos viene muy indicado este magnífico documental: LA EDUCACIÓN PROHIBIDA.

Se trata de una película-documental que se propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, no convencionales que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo. En concreto, sus impulsores buscan estimular un debate de reflexión social acerca de las bases que sostienen la escuela, promoviendo el desarrollo de una educación integral centrada en el amor, el respeto, la libertad y el aprendizaje. Más que una película documental, La Educación Prohibida es una obra abierta pensada para la transformación social.

“Cuando el niño está bien cuidado, el niño tiene ganas de construir cosas con los otros desde el amor”

“Una de las cosas más maravillosas tiene que ver con el poder (del denostado) silencio y así, llegar a contemplar que en la naturaleza ya está casi todo dicho. Basta con poder mirarlo para descubrirlo: los colores, las formas, los ritmos de la vida, el movimiento… en conexión en el mar, en la tierra, en el viento… con nosotros. Los niños conectan bien con su naturaleza, lo que les permite sin dificultad darse cuenta que todo es mucho más simple de lo que se nos quiere hacer creer”

En la Educación Prohibida se nos cuenta lo importante que es habilitar muchas pequeñas escuelas en las que no se pierde la familiaridad, la cercanía que permite saber lo especial que es cada niño y tenerlo en cuenta. Escuelas públicas, gratuitas, igualitarias y a un agradable paseo de cada casa, con docentes animados por el proyecto, porque es esa la gratificación que más cuenta: la de poder crecer alumnos y docentes, juntos, siempre desde la emoción de aprender colaborando, no desde la competitividad.

Una educación que busca fomentar el estímulo, la creatividad, el disfrute, la curiosidad, la vida. Una educación que nos enseña a pensar compartiendo y no a obedecer. Una educación que nos enseña a querernos como somos y estar relajados y confiados con los demás.

Con este documental las palabras siempre interesantes del maestro de maestros Paulo Freire cobran especial significado: “la educación no cambia el mundo. Cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.