Autor: Augusto Zamora Editorial: AKAL – 2016 PVP: 20,50 € 

Recibimos más información que nunca, y, sin embargo también está más condicionada que nunca, pues la constitución de un oligopolio mediático hace que dicha información tenga un claro sesgo que sirve a los intereses de sus dueños.

Y este hecho se ve reflejado con particular crudeza en el ámbito de la política y la geopolítica, donde la visión global de un mundo dividido entre «buenos» (neoliberales) y «malos» (todos los demás) es continuamente martilleada por televisiones, radios y cabeceras periodísticas. De ahí que, para entender bien nuestro mundo (y tratar de cambiarlo, ahora que aún estamos a tiempo), sea necesario casi partir de cero.

Zamora nos ofrece referencias que corroboran una intuición que va en aumento “Los psicópatas más peligrosos no están en las cárceles. Están en la economía y en la política. Debería proponerse una ley que obligue a los altos cargos económicos, políticos o militares un Psichopathy checklist, la mejor medida de legítima defensa del interés general”. Así como que “el capitalismo neoliberal nos dice cada día que en el mundo no hay lugar para todos, no hay comida para todos, no hay derechos para todos. Una vez aceptadas estas reglas de juego, cualquier atrocidad queda fácilmente legitimada”

En sus páginas se destapan y se analizan los conceptos, las teorías y los protagonistas que han dado y dan forma al contexto sociopolítico que nos rodea. De las proyecciones cartográficas a la Guerra Fría, de los «Estados fallidos» a los «Estados canallas», de Estados Unidos a Afganistán y Siria, de la Guerra Fría a la militarización de Europa, del bienestar de las personas al de los bancos, del retorno de Rusia o del creciente poder de China para arrebato insuperable de USA… un panorama que sin duda sorprenderá al lector, pues no acaba de cuadrar con la «versión oficial» que se vende a diario.

Un texto ameno e irónico que, sin perder el rigor, se dirige a todos los «rebeldes, irreverentes y escépticos» que no comulgan con lo que dicta el establishment ni con las supuestas «verdades» sobre las que se cimienta la “triste” realidad. Y no sólo a los que ya son conscientes de ello, sino a los que aún no lo saben.