En época de crisis la patria es el mejor refugio para aprovechados y su ejército de despistados. La democracia “de boquilla” su bandera…

 

Por Ulises para El Pueblo Que Queremos/Opinión

A unos pocos días del 1 de octubre abro un paréntesis en lo preocupante (una naturaleza cansada de advertir, unas fronteras en alza, el cuidado de las personas en baja, una mirada colectiva perdida por consumir, Trump) para dedicar unos pensamientos al artificio del momento que nos tiene entretenidos.

No hay boca en la que la palabra “democracia” adquiera una esponjosidad vacua tan sublime como en las de Rajoy y su troupe. Cuando la pronuncian, sus dos carrillos se inflan antes de evacuarla con aspavientos altivos: “… porque en democracia no se puede permitir…”. En ese momento el significado del concepto se desvanece. La democracia para el PP no es más que una muletilla “de noble cuna” para sacar a pasear por los medios de entretenimiento y enmascarar así sus hábitos antidemocráticos.  EL PP confía en que las palabras acallen los hechos. Y lo consigue: “los votos blanquean”. Y en Democracia, hay que joderse y admitirlo. Nada es perfecto.

En febrero de 2013, y va para 5 años, el diario El País, poco sospechoso de ser “antisistema”, caracterizaba ya entonces la situación política diciendo: “La mayor parte de las instituciones emanadas de la Constitución del 78se muestran claramente incapaces de hacer frente a los desafíos no ya del inmediato futuro, si no del presente mismo”. La necesidad de una reforma constitucional era algo obvio ya entonces (incluso para El País ¡madre mía¡) y, en particular, en lo relacionado a la arquitectura territorial. Ante esa necesidad Rajoy mostró una vez más su perfil más conocido como gestor político: no hacer nada.

Pero no hacer nada en apariencia, ya que fuera de escena se dedicó con empeño, al tiempo que daba ánimos a corruptos allegados, a sepultar la esencia misma de la Democracia, a terminar con la separación de poderes: judicializando la política (reclamar soluciones técnicas a controversias políticas), y politizando la judicatura (que sean los jueces de la cuerda quiénes ocupen los cargos clave) y las fuerzas de seguridad (comprometer a la policía con el fin de desacreditar al rival político). Es decir, justo lo que procede hacer cuando tus intenciones vuelan lejos de la Democracia que dices representar “con la boca llena”.

Para Rajoy, su responsabilidad se reducía a “gobernar como dios manda”, es decir, dejando que el tiempo cicatrice heridas con la infección dentro. Una irresponsabilidad recurrente que sumada a la tradición del PP de manejar el anticatalanismo como una baza para ganar votos les ha convertido en principales instigadores y cómplices necesarios en el artificio que ahora coloniza nuestra mente. Es un hecho que nadie sin contaminar duda que el PP ha funcionado cual maquinaria industrial generadora de separatistas. Si antes de Rajoy era segura la preferencia mayoritaria de los catalanes por seguir en España, hoy ya NO lo es.

Y de tanta incompetencia patriótica/gestora surge el mejor abono de este clamor independentista inducido y desatado.

Y a terreno abonado “no le mires los dientes” y aprovéchalo, cueste lo que cueste… que pensaron algunos en Cataluña; aquellos de los que siempre piensan por todos.

Decía un texto erudito del S. XVIII que “Es comprensible, cuando una larga serie de injusticias, de violencias y de vejámenes acaba por probar la intención de reducirlo todo a la desesperación y a la más absoluta tiranía, es entonces un sagrado derecho para los pueblos y aun un deber, sacudir el yugo de semejante gobierno y proveer nuevas garantías que les aseguren su estabilidad y su prosperidad futura”

Si bien hay demasiados lugares en el mundo que esa reflexión de hace 3 siglos conserva su actualidad, y son muchos los yugos por sacudir, el escenario en Cataluña es otro. Salvo por algunas tradiciones populares y taurinas que nos hacen dudar, el tiempo ya no es el mismo a aquel en que el colonialismo forjaba patriotas para “enyugar”, por la fuerza de las armas, otras patrias menos importantes que la suya, y evangelizar, poniendo la otra mejilla, negros, indios y demás diversidades menores, catalanes incluidos.

Antes de lanzarse a las calles sin medir consecuencias y cargados de rebeldía, tan necesaria en tantos escenarios y tan escasa, conviene tener presente que una persona que vive en Cataluña en el umbral de la pobreza, que por obra de las políticas de unos y de otros de los que ahora se enfrentan son una multitud cuando no deberían ser ninguno, pertenecen no obstante al 14 % más rico de la población del mundo.

Con ello presente y un poco más ubicados…, claro que hoy los catalanes de “a pie” tienen muchas razones para sentirse frustrados. Las fundamentales son las mismas que las de murcianos, madrileños o andaluces decentes que ven cómo años de gobiernos incompetentes y partidos corruptos han aumentado la desigualdad, recortado derechos, convertido el servicio público en negocio privado y reducido el porvenir del país a vivir de la gracia del turismo.

Lo peor de la situación de Cataluña (la sanidad, la educación, el desempleo, la estafa, la desconfianza en las instituciones) ha sido promovido, durante décadas, por un gobierno autonómico que ha sido socio necesario del bipartidismo centralista, además que ejemplo de corrupción y de liberalismo tradicional. Vamos, una réplica del PP en aquellos lares que ahora enardecidos encabezan la revuelta para “salvar” su país de las garras del estado central “abusador”.

Asociarse con un partido responsable directo de la debacle y vergüenza para Cataluña, inhabilita el criterio de todo aquel, grupo o persona, por muy progresista y solidario que se venda, y hace dudar, fundadamente, de que sea el interés general, el de los catalanes, lo que realmente se protege (¿en qup pensáis?)

En un mundo tan desigual e injusto, en el que se cometen a diario tropelías contra los derechos humanos o contra las condiciones del bienestar más elemental, ante la mirada acrítica de la ciudadanía, resulta muy triste observar cómo, el afán ocasional de algunos, una vez más, ha hecho germinar el victimismo que todos llevamos dentro, activando energías colectivas que se muestran tan exiguas para otros menesteres, más justos, pero menos “patrióticos”. Es triste observar qué eficaz resulta estimular el corazón “nacional” para movilizar en torno a un nada pedagógico “sálvese el que pueda”

Pero en el desconcierto está la clave: es legal o ilegal, legítimo o antidemocrático. La gente no sabe a dónde se dirige, y lo que es peor, no sabe a dónde “debería” dirigirse. Se siembra desorientación a mansalva que produce huestes necesitadas de sentido. Y los que piensan por los demás tienen el sentido a mano y lo difunden llamando a las emociones. Y las hay que no fallan: “la patria es el último refugio de los canallas”, decía Johnson, a lo que añado: “y de los despistados que los secundan”.

El proceso catalán fractura a la sociedad civil, dentro de Cataluña y fuera. Enardece los impulsos más extremistas de uno y otro lado (himnos, banderas, mitos). Busca articular otra frontera (otro muro) que profundiza la desigualdad y pone alambradas a que llegue el día en que encontremos las ineludibles soluciones colectivas de los graves problemas que asolan, de verdad, Cataluña y el mundo.

El proceso catalán es una lamentable muestra de desmemoria que menosprecia la convergencia de innumerables éxodos llegados de toda España que han hecho de Cataluña, entre tantas manos diversas, lo que es hoy: un referente cultural en el mundo.

Kant hace ya unos años en su librito “La paz perpetua”, avanzaba que “no era posible que los humanos viviéramos en paz si no vivíamos bajo la soberanía de leyes universales”. Es evidente que en Democracia, incluso en las simplemente “nominativas” como la nuestra, el orden legal son las normas, definidas entre todos, a las que debemos ajustar nuestro devenir. Son el mejor instrumento frente a los abusos. Un pacto social que acordamos asumir. Si como anuncian en Cataluña, pretenden incumplirlo, se les hace el juego a “los de la porra” y los excesos se justifican, de uno y otro lado.

Es evidente que convocar el referéndum anunciado es ILEGAL (*) y que al hacerlo se desencadenan efectos que, salvo intenciones inconfesables, deben estar lejos de interesar a los grupos políticos que encabezan el proceso:

  1. Se estimula fuera de Cataluña la empatía con el gobierno central, hasta ahora balbuceante y paralizado, al reconducir cual mesías la sensatez colectiva ocasionalmente secuestrada: MUY GRAVE
  2. Se favorece el paternalismo (patológico en una mayoría) de los jueces y fiscales, que deben dirimir en cuestiones políticas que les deberían ser ajenas. Así, se endiosan sus percepciones que, por elevación, vuelan lejos del interés humano, como puede comprobarse en infinidad de resoluciones judiciales que parecen hechas por extraterrestres. GRAVE
  3. Se dota de responsabilidad de intervención a las fuerzas represoras del estado, en las equilibradas personas de los antidisturbios, lo que garantiza próximos “disturbios”: GRAVE
  4. Y, lo que es más lamentable, se jalea una “conducta de masas” por contagio, en dónde el anonimato disuelve responsabilidades, dónde la razón se extraña y el corazón toma las riendas de una multitud voluble, fácilmente sugestionable y por tanto irresponsable. Una conducta que bebe su razón de ser del “ellos y nosotros”, una secuencia circular que si no se corta pronto lamentaremos: MUY GRAVE

Pero claro, las leyes por muy universales que sean, que imponen que TODO el mundo deban observarlas, pueden resultar injustas. Y nadie, en su sano juicio democrático (de lo que el PP carece obviamente) duda de la labor política de trabajar para que las leyes vayan siendo permanentemente corregidas en beneficio del “honesto” interés general, de una más universal “ley de la razón práctica”. Así, resulta indiscutible la legitimidad que alcanza a Cataluña para manifestar su voluntad de decidir y negociar una reforma del marco jurídico que regula su relación con España e, incluso, su separación, pero siempre dentro de los cauces procedimentales habilitados por las normas para hacer ese trabajo político efectivo, algo que quienes dirigen el levantamiento popular pretenden obviar.

La razón democrática y la responsabilidad política exigen que los grupos políticos se pongan a trabajar para hacer posible que el pueblo catalán –y cualquier otro- exprese su voluntad. Hacerlo posible es reformar la constitución y legalizar la posibilidad de un referéndum realizado con todas las garantías. Y en Cataluña supondría dar paso a la razón (hoy desterrada), lo que ayudaría a neutralizar los impulsos más viscerales, mitigar la desconfianza democrática hacia las instituciones del estado y promovería una participación masiva en Cataluña que haría que, seguramente, el resultado fuese el de antes del advenimiento del PP, es decir, a favor de la unión y no de la separación.

Algunas de las claves de interés para articular un referéndum eficaz serían:

  • La FUNDAMENTAL, que se establezca un umbral mínimo de participación y de votos a favor para poder concluir que hay una mayoría sólida de catalanes que quiere la independencia. Por ser ésta una decisión tan trascendental, sólo la mitad más uno del censo que así lo quiera la justificaría.
  • Que el resultado del referéndum sea reversible (si Cataluña llegara a independizarse, debería dejarse la puerta abierta a su futura reunificación con España si así lo deseara la gente).
  • Definir con claridad qué implicaría la independencia (la deuda pública, qué compensaciones habría que pagar, pertenencia a la UE, la situación empresarial, etc)

En cuanto a que el referéndum se votara en toda España, sería una forma clara de dejar sin efecto la capacidad de decidir la autodeterminación que entiendo debe regularse, como un derecho de la ciudadanía a elegir su encuadre territorial. Si los catalanes prefieren, bien informados y sin tensiones, no ser parte de España, que así sea. Y para pensar así no es preciso saber y menos mitificar el hecho de que la historia de Cataluña discurría siglos antes que la de España, lo que es cierto y a los efectos, irrelevante.

En todo caso sería recomendable pedir un esfuerzo a la ciudadanía soberana, una distancia reflexiva para advertir que la guerra contra la injusticia en el mundo está perdida si el interés general, el que nos conviene a una inmensa mayoría, permanece tan expuesto a la manipulación visceral, a la llamada nacionalista… por la que cae sin remedio… sea un ombligo u otro.

“la ética más conmovedora es favorable a abrir fronteras…”

 (*) QUIEN NO ES TITULAR DE UN DERECHO, NO PUEDE EJERCITARLO

Es claro y el Tribunal Constitucional ha venido declarando de forma reiterada que un referéndum de autodeterminación no se puede llevar a cabo legalmente sin una previa reforma constitucional que así lo prevea.

Además, y de acuerdo a la legalidad internacional, los titulares del derecho de autodeterminación pueden ser dos: las personas pertenecientes a territorios por descolonizar y las personas pertenecientes a minorías sojuzgadas.

¿Es Cataluña una colonia? . No parece, siendo una Comunidad Autónoma que disfruta de legalidad propia a través de su Estatuto de Autonomía

¿Son los catalanes una minoría sojuzgada? No parece, al disponer como propio de Parlamento, Gobierno, policía, sistema judicial; además, un Síndic de Greuges elegido por el Parlamento catalán, Derecho civil propio, Derecho público propio en el marco de las competencias constitucionales….

Se concluye que tanto el derecho interno como el internacional no amparan el referéndum promovido y al que ha sido conducida mucha gente sin el conocimiento de indudable ilegalidad que implica.

EL Proceso Catalán… Dos Ombligos Ciegos y una Mirada Bizca en Busca de Sentido

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