Los trabajadores de Amazon España inician una huelga de dos días a partir de mañana. Algunos compañeros de la sede en Alemania ya han anunciado que también secundarán esta huelga en solidaridad

Lo venían avisando desde hace días: los trabajadores de Amazon está en lucha. Los días 21 y 22 de marzo la planta de San Fernando de Henares (Madrid) —el centro logístico con más antigüedad y más grande de España, con cerca de 2.000 empleados— ha convocado una huelga que prevé secundar el 75% de la plantilla.

Es la primera vez en España que los trabajadores se plantan al gigante mundial del comercio electrónico, y es la primera vez que la multinacional, propiedad del hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, enfrenta una huelga de estas dimensiones en toda Europa.

Estamos hartos. Si esto fuera una empresa que tuviera serios problemas económicos, nos apretaríamos todos el cinturón. Y el sacrificio sería de todos. Pero esto es un gigante tecnológico, con el jefe más rico del mundo y peor valorado, que lo único que pretende es recortar nuestros derechos”, explica Douglas Harper a PlayGround, de 38 años, uno de los trabajadores más antiguos con más de cinco años de experiencia en el área de mantenimiento. Harper también es delegado sindical de CCOO en su empresa.

Los ánimos, cuenta, están caldeados. A la hora de la comida no se habla de otra cosa. Describe el ambiente como un lugar “gris”. “Todo el mundo se queja de sus condiciones. Ahora mismo este es el tema aquí”. Eso sí, el recinto está plagado de mensajes motivacionales en inglés. Work Hard, Have Fun, Make History.

Harper denuncia que la empresa está provocando graves riesgos de salud laboral. “El problema aquí es las elevadisimas cargas de trabajo que está teniendo consecuencias para la salud en determinados puestos”. En las tareas operativas (cogida de producto, almacenaje, exportación) se están desarrollando en muchos trabajadores “dolencias musculoesqueléticas”. Por otro lado, también denuncian las consecuencias “psicosociales” como el estrés o la ansiedad derivada de la excesiva carga y de la temporalidad de los contratos.

Cada domingo te renovaban. Recibías un correo electrónico en el que te decía si continuabas o no trabajando. Te pasabas todo el fin de semana pensando en el trabajo (Borja*, trabajador de Amazon, 35 años) Borja* (nombre ficticio) tiene 34 años y en julio cumplirá tres años en la empresa en el departamento de Devoluciones.

Antes de que le hicieran fijo, pasó 14 meses con contrato temporales de una semana. Cada domingo, una agonía. “Cada domingo te renovaban. Recibías un correo electrónico en el que te decía si continuabas o no trabajando. Te pasabas todo el fin de semana pensando en el trabajo. Eso te jode”, denuncia. Borja explica que el ambiente se ha ido recrudeciendo en los últimos años.

“Cuando empecé no era así, la gente estaba más contenta. Pero cada vez es peor: entran jefes nuevos, más jóvenes, que quieren superar al anterior y que no han trabajado en su vida”. Aumenta la presión y el trabajo, pero los manos y las horas siguen siendo las mismas. Los responsables, cuentan, obtienen bonificaciones si se superan los objetivos. Los trabajadores, no.

Si Borja antes hacía alrededor de 180 devoluciones ahora ha pasado a hacer entre 320 e incluso 340. “Hay quienes, incluso, llegan a hacer 400 devoluciones en 8 horas”, explica. “Y eso genera mal rollo, claro, hay mucho pique, sobre todo entre los trabajadores de ETT”. Esos mismos que mes a mes, semana a semana, se juegan la nomina.

“Aquí hay una competencia interna y una agresividad que no es la normal. Tú imagínate: si te toca dos meses seguidos renovando semana a semana, te quieres cortar las venas” (Rafa*, 25 años)

El desgaste físico tampoco es ninguna broma. Un trabajador de tareas operativas puede llegar a caminar al día 25 km con un solo descanso de 30 minutos, denuncia Harper. “Una de las reclamaciones que se están haciendo desde prevención de riesgos laborales es que se regulen más descansos. No pedimos salir del trabajo menos agotados a cómo entramos. Pero, al menos, salir igual”.

Entre otras cosas, los trabajadores, a través de los diferentes comités sindicales que secundan la huelga (CGT, CSIT, UGT y CC OO), también rechazan unas modificaciones contractuales que empeoran sensiblemente sus condicionales laborales. Amazon pretende cambiar el convenio laboral y, entre otras cosas, eso implica eliminar la cláusula de garantía de incremento salarial, el abaratamiento de las funciones y puestos de trabajo, congelación de salarios, reducción del precio de la hora extraordinaria y del turno nocturno, y la eliminación de medidas de conciliación como los “días por asuntos propios”.

“Los trabajadores hemos dicho basta. Ya veníamos denunciando conflictos que se habían quedado en el fuero interno. Pero lo que ha hecho estallar finalmente el conflicto ha sido la pretensión por parte de la dirección de recortar derechos que consideramos esenciales con el cambio de convenio”, denuncia Harper. “Aquí todo el mundo se ha plantado. Algunos trabajadores podían pensar que no estábamos tan mal, pero el cambio de convenio implica una reducción de nuestros derechos que no estamos dispuestos a aceptar”, explica Borja.

Según los propios trabajadores, la empresa se ha reunido con grupos de reducidos de trabajadores para intentar “apaciguar los ánimos” y “desanimar a participar en la huelga”. Pero la pretensión de la empresa ha resultado un fracaso. El apoyo a la huelga prevé ser masivo después de que se aprobara por mayoría absoluta en una asamblea. “La empresa nos lo ha puesto fácil. La gente está muy enfadada”, cuenta. Pese a que se trata de una plantilla joven —con una medida de edad de unos 30 años— y que no está fuertemente sindicalizada, “el apoyo está siendo todo un éxito”.

El efecto rebote también es un hecho. En las últimas horas previas a la huelga, trabajadores de Alemania, a través del sindicato Ver.di, han comunicado que parará en solidaridad con los trabajadores de España, algo que no había pasado en ningunas otra huelgas de trabajadores de Amazon convocada en otros países con anterioridad.

Amazon, por cierto, es la cuarta compañía líder del mundo solo por detrás de Apple, Microsoft y Alphabet (Google). Esta empresa está valorada en el mercado en más de 600.000 millones de euros y sus acciones se revalorizaron un 56% el año pasado.

¿Y en Barcelona?

La planta de Barcelona, ubicada en el Prat, es la segunda mayor en el estado en la que trabajan más de 600 empleados. Los dos días de huelga, esta planta, junto con las otras ubicadas en el sur de Francia y el norte de Italia, se encargarán de absorber el trabajo de Madrid. “En Barcelona la planta es relativamente nueva. No llevan ni un año. Nos está costando mucho movilizar a la gente de ahí”, explica Harper.

Es posible que sea cuestión de tiempo. Las quejas en Barcelona son muy parecidas a las denunciadas por los trabajadores de Madrid. Es particularmente flagrante el caso de los trabajadores temporales también en Barcelona.

“Las negociaciones ahora mismo están rotas. Y no pensamos parar. Esta es una primera huelga, pero no descartamos que haya más movilizaciones” (Borja*, 35 años)

“Al final de semana, cuando acabas, te llaman y te dicen si renuevas o no. Mentalmente, claro, estás en la mierda”, cuenta Rafa* (nombre ficticio para evitar represalias). Rafa, como muchos de sus compañeros fue contratado por ETT. Después de seis meses, renovando en su caso mes a mes, a este joven de 25 años le harán, por fin, empleado fijo.

“Yo tengo suerte, hay compañeros que es peor, les renuevan semana a semana. Algunos compañeros han preguntado a los jefes por qué ocurre esto y les han dado a entrever que es por culpa de sus números, o porque su forma de trabajar no es del todo correcta. Nosotros creemos que esto solo es para aumentar la presión y para que seamos más productivos. Si toda la plantilla está así, aprietas los dientes e intentas tener los mejores números”, relata.

El joven, que ha ocupado diversos puestos dentro de la empresa en el área de Logística, denuncia que eso tiene unas consecuencias nefastas en el ambiente. “Aquí hay una competencia interna y una agresividad que no es la normal. Tú imagínate: si te toca dos meses seguidos renovando semana a semana, te quieres cortar las venas”. La temporalidad del contrato —prácticamente la totalidad de la plantilla proviene de ETT— aumenta la inseguridad laboral y competitividad.

A pesar de eso, afirma que alguna gente ha pedido el traslado de Madrid a Barcelona porque “aquí se trabaja mejor, es más pequeño, hay mejor trato y es más familiar”. En Barcelona, explica Rafa, se habla de la “huelga en Madrid” aunque afirma que los ánimos, por ahora, no parecen tan tensos “tensos”.

“Las negociaciones ahora mismo están rotas. Y no pensamos parar. Esta es una primera huelga, pero no descartamos que haya más movilizaciones”, concluye Borja. En función de cuál sea la respuesta de Amazon después de esta huelga, los trabajadores, a través de los sindicatos, plantearán futuras medidas de presión.

De momento, a pocas horas de que inicie la huelga, Amazon nos ha remitido este mensaje.

FUENTE: Anna Pacheco (playgroundmag.net)