¿Quién quieres ser? de Carlo Frabetti

Eva tiene doce años, mucha curiosidad y un sinfín de preguntas. Cuando conoce a Ray, un sabio inventor algo chiflado, descubre que no todo es lo que parece, y que las respuestas no son siempre lo más importante.

Cuando crees que tienes todas las respuestas, van y te cambian las preguntas.

¿Quién quieres ser? Autor: Carlo Frabetti Editorial: Barco de Vapor - 2020

 

Eva está disfrutando de sus vacaciones veraniegas en un parque de la ciudad, mientras se pregunta qué quiere ser de mayor y se debate entre multitud de respuestas diferentes. De pronto, una ardilla que habla aparece a su lado para conducirla hasta un callejón donde encuentra una puerta con un cartel que dice: “Multidiversidad a Medida”. Allí dentro aparece un sonriente anciano acompañado de un muñeco de madera llamado Pinocho que le plantea numerosas preguntas. Al llegar a casa, Eva descubre con sorpresa que su madre conoce al sabio profesor, Ray, y la anima a asistir a esa particular academia. Allí hablarán de literatura, de la sociedad, del impacto de las tecnologías, del planeta… Con el paso de los días, Eva se verá envuelta en una trama que resolverá con ayuda de Pinocho, y que le permitirá entender las cuestiones básicas de la vida.

Fragmentos

“Eva no tenía claro lo que quería ser de mayor. Y no porque no se le ocurriera ninguna posibilidad interesante, sino porque se le ocurrían muchas. De noche, cuando el cielo estaba cuajado de estrellas, quería ser astrónoma o astronauta; pero por la mañana temprano, mientras aún se acordaba de las increíbles aventuras que había vivido en sueños, quería ser escritora de novelas fantásticas”.

“No había nadie en el callejón ni se oía el menor ruido, y todas las ventanas estaban cerradas, como si nadie viviera allí. Con paso cauteloso, Eva se acercó a la puerta del fondo y vio una placa metálica en la que ponía con grandes letras en relieve: MULTIDIVERSIDAD A MEDIDA. Entrada libre y salida gratuita”.

Extracto de una entrevista a Carlo Frabetti en la revista JOT DOWN

Te dedicas a muchas actividades que no parecen relacionadas: divulgación científica, activismo político, literatura infantil y juvenil… ¿Cómo se relaciona todo esto?

Cuando te interesa y te preocupa el mundo en el que vives, el viaje viene a ser siempre el mismo: un viaje hacia el conocimiento. Puedes cambiar de vehículo, hay gente que se siente muy cómoda con un vehículo concreto y hace el viaje siempre o casi siempre en ese vehículo, pero hay otros que por razones a veces circunstanciales vamos cambiando.

Hay una serie de cosas que me han gustado a lo largo de la vida y he tenido la suerte de poder dedicarme a varias de ellas, ganando el mínimo de dinero que me ha permitido emplear un tiempo considerable en esas actividades. Todos hacemos muchas cosas, pero no siempre nos pagan por ellas. Si me pagaran por pasear, sería paseante profesional. Sin embargo, por escribir, por hacer divulgación científica o dar clases, que son cosas que siempre me han gustado, he conseguido que me pagaran lo suficiente para vivir.

El activismo político, por el contrario, no solo no te lo pagan, sino que te lo hacen pagar caro. Cuando vives en un mundo tan injusto como este e intentas comprenderlo, llega un momento en el que no te conformas con comprender y piensas que, si puedes hacer algo, por modesto que sea, para modificarlo, tienes que hacerlo. Es lo que decía Marx: «Hasta ahora los filósofos se han preocupado por interpretar el mundo y lo que hay que hacer es cambiarlo». Esa frase me influyó mucho. Yo era un ratón de biblioteca, estaba obsesionado con conocer, y me di cuenta de que no bastaba, que había que utilizar ese conocimiento para hacer algo. Con este libro Frabetti lo pone en práctica con quiénes más pueden hacer para cambiar este mundo injusto: los más jóvenes.

 

La vida sin maquillaje: autora Maryse Condé

Después de rememorar su infancia en “Corazón que ríe, corazón que llora”, dónde nos contó que había nacido en el seno de una familia burguesa antillana de “Supernegros”, que vivía en un mundo blanco y francés, Maryse Condé retoma el relato de su vida y nos invita a acompañarla en la apasionante travesía que marcó su juventud: un periplo que comienza en París, con un embarazo accidental y el abandono del hombre al que ama, y que la lleva a vagar por distintos países de África en busca de esa identidad que ya empezaba a entrever con el descubrimiento de la negritud.

“Mi primer contacto con África no fue ningún flechazo”, escribe en este segundo volumen de sus memorias. En ellas desbroza la situación de los antillanos allí; los de Guadalupe –que no eran bien recibidos en el continente- y los de Martinica – que eran legión en aquella época en los centros docentes marfileños y que no se mezclaban con los africanos-.

 

Integrarse, es una de las acciones que la conminaban a realizar. No para disfrazarse de africana, pero sí para, al menos, aparentar: hablar malinké, llevar túnicas… Para alguien que había vivido su infancia integrando, sin saberlo, los valores occidentales, el que la obligaran entonces a adoptar la cultura africana de una manera superficial sin pararse a mirar lo que la escritora llevaba en su interior, la desalentaba.

 

A ella, comenta, se la consideraba blanca; “toubabesse”. Paradojas, una de sus tres hijas, la nacida en Guinea y de padre africano, fue la que menos africana se sintió siempre. Ghana estaba llena de afroamericanos como el África francófona lo estaba de antillanos. Volver, ¿quizás?.

“Sabes de sobra que los africanos nunca te aceptarán” (pág.153).

 

En Guadalupe descubrió a Cesaire y la negritud. En África, conoció y departió con Amilcar Cabral, Mario de Andrade o Seyni Gueye. Nos narra las idealizaciones de aquellos pasados eternos africanos que en ellos intuyó. En Guinea, presidía el país Sékou Touré. Condé lo describe como alguien con gran atractivo físico, alabado por algunos y odiado por otros. Su vida de despilfarros contrasta con la de su pueblo. Frente a los que defendían su gobierno, ella hablaba de represión feroz. Y nos descubre “El Complot de los profesores”, el primer crimen a gran escala cometido por el régimen de Touré, y del que apenas se ha hablado nada.

 

En Conakry conoció a un príncipe beninés, Louis, quien poseía una extraordinaria colección de objetos que habían pertenecido a sus ancestros: pipas, una tabaquera, un cortaúñas y sobre todo muchas fotografías del soberano destronado, Gbéhanzin. Condé, en su novela Los últimos reyes magos esbozó el exilio de éste en Martinica. Estas palabras nos dan la medida del mismo: “¿Un rey africano?, Ka sayé sa – ¿y eso qué es? –“.

 

Condé abre cajas, desde puntos de vista inéditos. Cuando escribes, das tu versión de la realidad, afirmaría muchos años después. La de la escritora apertura decenas de caminos nuevos por los que transitar, tanto a través de sus obras, que va desmenuzando añadiendo o quitando veracidad, comentando o recordando, como de sus experiencias vitales. Todo nos habla de su búsqueda de una tierra a su medida que no existía.

 

A pesar de confesar la dureza de su periplo africano, es su corazón el que reconoce que lo mejor le llegó de allí: “Más que los discursos teóricos de mis amigos, fue Guinea la que me infundió el amor por el pueblo y la compasión. Allí, aprendí que nada pesa más que el sufrimiento de un niño (…) En resumen, aprendí a apartar los ojos de mis desgracias personales y a preocuparme por las miserias de la mayoría: una lección que me caló muy hondo y que jamás olvidaré” (pág. 163).

 

La inspiración le vino desde tierras africanas a su máquina de escribir infinidad de veces, eso sin duda le quedó. Nombres. Ajumako, un lugar que dio título a una de sus obras. Heremakhonon, el de su primera novela, el de una tienda estatal que siempre estaba vacía, y que en malinké significaba “Esperando la felicidad”

 

La Sociedad de La Externalización: de Stephan Lessenich

En su obra “Unveiling Inequality” Korzeniewick y Moran proponen una sociedad ficticia a la que pertenecen exclusivamente los perros de los hogares estadounidenses. Ponen los gastos medios anuales que tuvieron esos hogares (en 2008) como “ingresos per cápita” y, sorpresa (¿o no?), ese Dogland ficticio se posiciona mejor situado que el 40% de los países del mundo.

 

“En alguna parte se destrozan cuerpos para que yo pueda vivir en mi mierda”

H. Müller, Máquina Hamlet

 

Autor: Stephan Lessenich Editorial: Herder-2019

En su obra “Unveiling Inequality” Korzeniewick y Moran proponen una sociedad ficticia a la que pertenecen exclusivamente los perros de los hogares estadounidenses. Ponen los gastos medios anuales que tuvieron esos hogares (en 2008) como “ingresos per cápita” y, sorpresa (¿o no?), ese Dogland ficticio se posiciona mejor situado que el 40% de los países del mundo.

 

Tenerlo todo y querer aún más, preservar el propio bienestar a costa de denegárselo a otros: esta es la máxima de las sociedades desarrolladas, aunque se intente disimular en el ámbito público. Esta obra presenta un riguroso y mordaz análisis de las relaciones de dependencia y explotación en el mundo globalizado. Porque el Capitalismo NO puede mantenerse por sí mismo. Vive de la existencia de un “afuera” sin el cual su fuego, presuntamente eterno, se extinguiría muy rápidamente. Nuestro insensato bienestar sólo se puede entender en correlación con la explotación de las personas, de los recursos, de las tierras y del medio de los países pobres del sur global, con la reducción de sus oportunidades vitales junto con el levantamiento de muros para no que no perturben nuestro bienestar.

 

Occidente externaliza sistemáticamente los efectos negativos generados en pos de nuestro modo de vida sobre los países más pobres de otras regiones del mundo. A diferencia del ideal que querríamos creer, si nos va bien es porque desplazamos sistemáticamente muchos de los problemas que genera nuestro estilo de vida sobre los más desfavorecidos.

Frente a las poderosas fuerzas que quieren obviar u ocultar los trasfondos y los efectos secundarios del capitalismo, hace falta asumir y aumentar la responsabilidad individual y colectiva con los demás para acabar con la pobreza y la explotación, la violencia y la devastación natural. En la campaña electoral de 1992 un consejero de Clinton estimuló a sus ayudantes con una frase que sintetizaba mejor que nada la historia que se vivía: “Es el capitalismo, imbéciles”. Este libro contribuye a despejar la cuestión elemental de querer o no querer saber lo evidente de que no vivimos por encima de nuestras posibilidades, como gusta decir a las corrientes irreflexivas del neoliberalismo, sino por encima de las posibilidades de otros.

 

Pero el precio de esta sociedad irresponsable de la externalización se hace cada vez más visible (la actual pandemia contribuye a ello), los daños colaterlaes de nuestro modelo de progreso cada vez se pueden obviar menos: trabajo sucio en las naves industriales del sur, depósitos de residuos tóxicos y basuras en África o Asia, campos de refugiados en las fronteras de terceros o cuartos países, casquetes polares que se derriten y nivel de mar ascendente en el otro extremo del mundo entre catástrofes climáticas en aumento.

 

La “normalidad” del bienestar del norte “se ha quedado reducida a un recuerdo de infancia”. Se hace cada vez más difícil deslocalizar los daños y reservarse las ganancias. Por fin

Capital e Ideología de Thomas Piketty

Todo un festín intelectual. Sus casi 1.300 páginas se leen siempre con interés, con la continuada percepción de estar ante un texto que dejará un notable legado.

Autor: Thomas Piketty Editorial: Deusto - 2019

“Es más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo”. Thomas Piketty se compromete a nada menos que a desmentir la famosa sentencia del filósofo estadounidense Frederic Jameson, pretendiendo proporcionar herramientas para “superar el capitalismo”, saliendo de una glaciación ideológica catalizada por los fracasos delsovietismo real.

 

Así Piketty quiere forjar una “idea más exacta de lo que podría llevar a una mejor organización política, económica y social para las diferentes sociedades del mundo en el siglo XXI” proponiendo para ello, “elaborar el perfil de un nuevo socialismo participativo para el siglo XXI”

Esta grandísima (¿excesiva?) ambición implica “reconsiderar la propiedad justa, la educación justa y las fronteras justas” mientras nos encontramos en una fase de radicalización de las injusticias y desigualdades, a las que el investigador consagra numerosos tramos de su obra para rehacer la génesis.

 

 

Se remonta para ello hasta las “sociedades ternarias” en las que la población se dividía según su función guerrera, religiosa o laboriosa, porque “la estructura de las desigualdades en las antiguas sociedades ternarias radicalmente está menos alejada de la hoy existente de lo que a veces imaginamos”; y sobre todo, considerando el hecho de que “las condiciones de la desaparición de las sociedades trifuncionales, profundamente variables según los países, las regiones y los contextos religiosos, coloniales o postcoloniales, han dejado rasgos profundos en el mundo contemporáneo”

Se remonta para ello hasta las “sociedades ternarias” en las que la población se dividía según su función guerrera, religiosa o laboriosa, porque “la estructura de las desigualdades en las antiguas sociedades ternarias radicalmente está menos alejada de la hoy existente de lo que a veces imaginamos”; y sobre todo, considerando el hecho de que “las condiciones de la desaparición de las sociedades trifuncionales, profundamente variables según los países, las regiones y los contextos religiosos, coloniales o postcoloniales, han dejado rasgos profundos en el mundo contemporáneo”

Ante todo, ello le permite establecer que las desigualdades no son en absoluto naturales, culturales o civilizatorias; y que las trayectorias y bifurcaciones desiguales o igualitarias, pueden ser enormemente rápidas.

Uno de los casos más sorprendentes es el de Suecia, país que pasó de una sociedad de órdenes a una “democracia hipercensitaria”, con derechos de voto proporcionales a la fortuna en la que un voto valía por cien, antes de convertirse en una de las sociedades más igualitarias del mundo.

El investigador subraya en esta ocasión que son “únicamente las movilizaciones populares notablemente eficaces, las estrategias políticas concretas, y las instituciones sociales y fiscales muy precisas, las que han permitido a Suecia el cambio de trayectoria”. En sentido inverso, los Estados Unidos, que se sitúan hoy en cabeza de la profundización del vértigo de la desigualdad, fueron, a partir de los años 30 hasta los 70, adelantados en el despliegue de impuestos progresivos masivos y de políticas de redistribución ad hoc.

Más allá de propuestas interesantes y en ocasiones ya formuladas, de reforzar la progresividad del impuesto sobre rentas y sucesiones; de desplegar una renta básica integradas en un dispositivo global sin sustituir la política social; de reinserción de los mercados en la línea de Karl Polanyi; o incluso de ampliación y profundización de la propiedad social de las empresas relacionada con la cogestión nórdica o alemana, el núcleo de la tesis pikettiana radica en la implantación de un impuesto anual y altamente progresivo “sobre la propiedad, para permitir financiar la dotación de capital para cada joven adulto y desplegar una forma de propiedad

temporal y de circulación permanente de los patrimonios” Esta imposición anual de los patrimonios importantes permitiría una “difusión patrimonial”, que constituye hoy simultáneamente, el ángulo muerto y el callejón sin salida de toda la política contemporánea.

Esta herramienta fiscal tendría la ventaja de aplicarse a todos los activos, incluyendo los financieros, contrariamente al impuesto inmobiliario, y adaptarse con mayor rapidez a la evolución de la riqueza. Permitiría así no “esperar a que Mark Zuckerberg o Jeff Bezos cumplan 90 años para transmitir su fortuna y comenzar a hacerles pagar impuestos”. Si queremos que el 50% de lo más pobres detenten finalmente una porción no despreciable de las riquezas nacionales, necesitaremos para eso “generalizar la noción de reforma agraria transformándola en un proceso permanente incluyendo al conjunto del capital privado”.

Thomas Piketty llega incluso a establecer un esquema exhaustivo de esta evolución fiscal y mental.

La recomendable obra de Piketty, también obligará a posicionarse a la izquierda radical, y sobre todo a responder a la afirmación del autor, según la cual ciertas formas de organizar las relaciones de propiedad en el siglo XIX, “pueden suponer una superación del capitalismo mucho más real que la vía consistente en prometer su destrucción sin preocuparse de su sustituto”. En efecto, Piketty estima que sus propuestas se inscriben en la corriente de un “movimiento hacia el socialismo democrático que transcurre desde fines del XIX”, interrumpido por la revolución conservadora de los años 80 y la caída del comunismo.

La virtud en la montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista.

 Pablo Batalla Cueto, «un libro de historias, de microhistorias y de conversaciones a través de los siglos» cuyas páginas «están llenas de bien, verdad, justicia y belleza»

Editorial: Trea

Autor: Pablo Batalla Cueto

(…) se trataba de un hombre a pasos apresurados, transpirando, jadeante. Sin una mirada a las bellezas de la naturaleza, los ojos fijos en el camino y el reloj en la mano. “¡En dos horas, catorce minutos, cuarenta segundos!”, exclama con aire de triunfo, pasando de largo (…). No trae noticias de una desgracia, es el hombre cronómetro, el hombre récord. Mide su placer y su éxito en la brevedad de tiempo (…). No podremos decirle cuánto sentimos que haya perdido la ocasión de ver más y que haya pasado corriendo junto a bellezas que no ha notado.

Quien así se expresa es Eduardo Martínez de Pisón, geógrafo, escritor y alpinista; y no por ello deja de ser el epitafio de un modo de vivir y sentir la montaña, la naturaleza en sí. El libro de Batalla Cueto surge de la necesidad de levantar acta sobre la muerte anunciada de un tipo de montañismo que actualmente está en batalla con otro que responde y refleja los tiempos que vivimos. Dos montañismos antagónicos que cohabitan en el mismo espacio pero que siguiendo la lógica darwinista del sistema solo uno de ellos saldrá victorioso, el más fuerte.

 

“¿Está el alpinismo en declive; lo está el alpinismo concebido como aventura, como compromiso, como actividad colectiva, como conquista paciente y trabajosa?”

Recientemente, al hilo del libro, un compañero se quedo sorprendido por la temática. No tanto por el trasfondo ideológico como por el escenario al que se circunscribe, la montaña. Decía Thomas Mann en su maravillosa obra “La Montaña Mágica” que no hay no política, todo es política; y si algo deberíamos saber bien es que el espacio público es otro terreno de lucha sean cuales sean las formas en las que este se manifieste.

 

En el relato de los hechos el autor nos va poniendo sobre la mesa la genealogía de la nueva especie invasora y sus efectos devastadores sobre primeramente el “ser social” y colateralmente sobre la naturaleza.

 

“Siguiendo la estela de las estrellas del speed climbing, los nuevos adeptos quieren una montaña balizada, accesible, lúdica e inmediatamente consumible”

 

Los clubes de montaña menguan en afiliación en función inversamente proporcional a como suben exponencialmente los maratones de montaña y la adquisición de dorsales para ellos. El montañismo tradicional ya no se puede reproducir al mismo ritmo que el otro, mejor adaptado a rasgos competitivos y comerciales, con un interés individualista frente a uno asociativo. Y es que como anteriormente se apuntaba los hechos no dejan de ser el reflejo de un cambio social, vivimos instalados en el enseguida, en lo inmediato. Un reemplazo de las eucaristías del nosotros por las liturgias de yo. Y el asociacionismo montañero es un síntoma más del malestar que le acontece al asociacionismo general de nuestros barrios, ciudades, trabajos: Se ha pasado del socio activo al socio de cuota, pago y me olvido.

Se acabaron los tiempos de aquel montañismo largo y rudo, de comenzar una verdadera expedición sin otra utilidad que la del placer de un viaje de descubrimiento y porqué no de transformación, reforzar valores como el desprendimiento, la cooperación, la falta de ambición, la sensibilidad estética, las convicciones ecologistas, la reflexión filosófica, la sencillez. En frente uno funcional, anhedónico, utilitarista, competitivo, súbdito de lo cuantitativo y del rendimiento.

Los actuales galgos humanos (runners) voz de su siglo, la voz de las máquinas que dijese Mumford, que ya no escriben crónicas sobre trémulos atardeceres o nieblas alfombradas sino sobre la compilación de registros sobre calorías gastadas, pulsaciones por minuto, longitud de zancada, posiciones GPS o segundos en movimiento. Este “Thacherismo” de montaña, como nombra Batalla Cueto, cumbre del “homo faber” actual en su idiocia colectiva reivindica ese efecto placebo de alergia a lo colectivo; esa fantasía de la individualidad moderna que pierde la identidad relacional y la sustituye por una falaz identidad individual.

 

“El hombre empresario de sí mismo, siendo él su propio capital, siendo él mismo su propio productor y siendo para él mismo la fuente de sus ingresos”

 

Y es que en la genética de este nuevo ejército de muyaidines del turbomontañismo se alimenta y reproduce del totalitarismo del tiempo en la modernidad extendido hace muchos decenios a todos los ámbitos de lo humano. Lewis Mumford en su recomendable ensayo “La Era del Sucedáneo” ya aclaraba que la máquina decisiva de la revolución industrial, como se dice, no había sido la máquina a vapor de Watts sino el reloj; mecanismo disciplinador donde los haya de la clase trabajadora.

 

“En Europa, Asia y Estados Unidos, el botón más gastado de los ascensores suele ser el de cerrar las puertas , ello pese a estar programados para cerrarse entre dos y cuatro segundos después de marcar el piso”

 

En el actual estado de las cosas de la cultura de la rapidez, simplificación, distracción, fragmentación, podemos constatar que hoy la lentitud nos exaspera. Frente a ello se reivindica un montañismo lento, placer en el puro vagabundeo, meditación, contemplación, goce del acontecer.

 

“Cada vez que se reduce a un mínimo el lapso de espera entre el deseo y la satisfacción, un dios vengativo exige un precio: el que lo obtiene todo, o lo recibe de inmediato, pierde la dicha del disfrute”

 

Toca a fin de cuentas salir a caminar como acto de recuerdo y enriquecimiento frente mayormente al correr como forma de olvidar y, parafraseando a Orwell y Alba Rico, en tiempos de estupidez cronometrada, putrefacción moral e intelectual, ser conservadores en lo antropológico y ecológico se convierte en un verdadero acto revolucionario.

Somos lo Que nos Contamos -Oscar Vilarroya

Como los relatos construyen el mundo en el que vivimos

Autor: Oscar Vilarroya Editorial: ARIEL – 2019

En un ecosistema digital que premia la desinformación y la mentira, este libro revela cómo puede manipularse nuestra naturaleza narrativa (Homo Narrator) para hacernos vivir realidades fabricadas por intereses ideológicos, políticos o simplemente personales.

“El humano no recibe con sinceridad la luz de las cosas, sino que mezcla su voluntad y sus pasiones; así es como hace ciencia a su gusto, pues la verdad que más fácilmente admite el hombre es la que desea” (Francis Bacon).

“Preferimos una buena historia a una buena descripción de la realidad”, eso es así, aunque no siempre lo reconozcamos. Y más en estos tiempos. Los fabricantes de Fake News se aprovechan de las predisposiciones naturales de los humanos para evaluar un relato como creíble y adecuado. Es evidente que la información política coincidente con nuestra ideología tiene muchas más posibilidades de ser creída con independencia de su veracidad.

En este libro, Óscar Vilarroya, investigador y profesor de Neurociencia en la Universidad Autónoma de Barcelona, sintetiza estudios científicos de los últimos cincuenta años para analizar cómo, a través de los relatos, los seres humanos organizamos nuestros pensamientos y, por tanto, construimos la realidad.

Para hacernos comprender cómo esta habilidad ha sido crucial en nuestra evolución, nos recrea cómo pudo ser aquella primera vez en la que un HOMO SAPIENS se preguntó «¿por qué ha pasado esto?». Fue el nacimiento del relato primordial, y ni siquiera existían las palabras. A partir de entonces, se volvió cada vez más complejo y se transformó en las mil variantes que inundan nuestra vida.

La ficción no solo está en los libros que leemos, en las películas que vemos o en los videojuegos que jugamos, los seres humanos inventamos relatos para todo y a todas horas. Es nuestra manera de darle sentido a nuestro pasado, presente y futuro. Y creemos que somos seres racionales, que solemos seguir la lógica a la hora de tomar decisiones, pero Óscar Vilarroya, en SOMOS LO QUE NOS CONTAMOS, nos demuestra el desajuste que hay entre lo que nos relatamos, a nosotros mismos y a los demás, y lo que realmente ocurre. Para ello, nos recuerda casos que tuvieron consecuencias fatales: el juicio a las brujas de Salem, los documentos que aseguraban que había armas de destrucción masiva en Irak o la secta de La Puerta del Cielo, que provocó un suicidio colectivo.

Esa necesidad por un relato que de sentido a nuestra vida anima al bombardeo de Fake News, de esas historias carentes de veracidad, muchas incluso inverosímiles que recrean nuestra realidad. Y, además, ayudamos a que se sigan difundiendo, sin reparar en las consecuencias de esa desinformación (“Los gérmenes están en nosotros. Facebook es el viento”). SOMOS LO QUE NOS CONTAMOS nos hace tomar consciencia de este punto débil de nuestra naturaleza narrativa y nos aporta estrategias para ponerle remedio.

Porque no hay una personalidad o nivel de inteligencia o de formación preferente para el consumo de Fakes. Lo determinante para dejarse llevar es la motivación de la que se parte por aceptar lo que afirma el relato. Se puede ser muy inteligente y culto, pero si lo que se desea con todas las fuerzas es que lo que afirma el relato se cumpla, bajará todas las defensas intelectuales, inhibirá la reflexión y asumirá con entusiasmo incluso el absurdo más palmario.

Entre las varias predisposiciones a consumir Fakes destaca la identificación grupal, tantas veces peligrosa, la “conspiranoia” (entendimiento obsesivo de que todas las cosas malas las producen personas o grupos indeseables con poder) y el sesgo previo. Los estudios experimentales confirman que la manera en que se consumen Fakes depende del estado emocional de la persona y en especial de dos tipos de emociones: el miedo y la ira.

En todo caso, como bien señala Óscar Vilarroya, la desinformación fruto del exceso de información dirigida e intencionada es mucho más peligrosa que la simple ignorancia (“No se trata de que el ignorante carezca de información si no de que está mal informado”). Nunca hemos tenido acceso a tanta información como ahora, así que es momento de que aprendamos a cribar. La lectura de Somos lo que nos contamos es un buen primer paso para conseguirlo. Una lectura necesaria para fortalecer nuestro espíritu crítico en beneficio del interés de todos, y aproximarnos a construir, de verdad, El Pueblo – el mundo- Que Queremos. Sin engaños.

Facha, cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida

Un título en la versión española muy llamativo que, sin embargo, en su versión original nos esclarece mucho más el contenido de esta obra: How Fascism works.

Autor: Jason Stanley. Editorial: BLAKIE BOOKS - 2019

Pero más que hablar de regímenes fascista, de lo que trata el autor es de políticas fascistas, que son las que están usando partidos de ultraderecha hoy en día, y que las están
asumiendo otros partidos de la derecha. Unas políticas que, por otro lado, las estamos ya normalizando como si se tratara de algo normal, pero que socavan la esencia pura de la democracia: la diversidad, la tolerancia y la igualdad.

La tesis principal del autor es la división que la política fascista realiza entre el “nosotros” y “ellos”. Los “buenos” patriotas y el resto que quieren vivir de los primeros. Para llevar a cabo esta división, los políticos fascistas se refugian en varias tácticas, que el autor nos recoge en diez capítulos, dedicando cada uno a una política concreta, de las que por supuesto se pueden extraer otras tantas. De una u otra forma, todas ellas están relacionadas.

Como autor estadounidense, los ejemplos son ante todo de Estados Unidos, y no solo de la época de Trump, sino de políticas que se han llevado a cabo en dicho país tanto en el siglo XIX como en el XX. En cualquier caso, los ejemplos nos permiten observar cómo han resucitado las políticas que ya llevaron a cabo los regímenes fascistas de los años 30. Además, un prólogo del libro escrito por lsaak Rosa pone de manifiesto las mismas políticas que actualmente ciertos partidos han adoptado en España.

Así pues, el primer capítulo está dedicado al pasado mítico. En efecto, el uso de una historia nacional manipulada que hace creer en la supuesta grandeza de la nación en tiempos anteriores. Tiempos en que la nación era gobernada por gente normal, por buenos patriotas, gente como los votantes a los que quieren encandilar. Así, los políticos fascistas prometen volver a los “buenos tiempos”, pues hacen suyo el dicho “todo tiempo pasado fue mejor”.

La propaganda es el otro elemento que utilizan los fascistas. Tiene como objetivo convencer a una gran mayoría, haciendo creer que defienden Intereses nacionales, cuando en realidad sus políticas únicamente benefician a unos pocos. Por medio de esta propaganda es como se genera la irrealidad (cuarto capítulo) que hace creer que existe una amenaza contra la mayoría de la nación, la gente de bien, corriendo rumores sobre todos aquellos grupos a los que se oponen: inmigrantes, feministas, homosexuales, marxistas, etc. Repetir constantemente una mentira para convertirla en una verdad.

Evidentemente, como nos índica en el tercer capítulo, es una política antiintelectual, pues no se busca el debate, sino la confrontación. Se atenta contra la diversidad de opiniones, al mismo tiempo que se hace creer que todas las opiniones son igual de válidas, de tal forma que se desprestigia a las instituciones y a la propia universidad por pretender imponer la verdad demostrada científicamente. En definitiva, chillar más para hacer creer que se tiene razón.

Sus políticas excluyentes, entre el nosotros y el resto, y, por tanto, la jerarquía (quinto capítulo), la presentan como algo natural. Un darwinismo social en donde el más fuerte sobrevive, así que la igualdad para ellos no existe. Y estas amenazas de otros grupos que no son los de la nación o que se excluyen de ella, hace que el movimiento fascista sea victimista (capítulo 7), presentando a la mayoría que tiene más privilegios como los más perjudicados. Precisamente esos grupos, ajenos a la nación, son los que supuestamente generan violencia, presentándose así los partidos fascistas como garantes de la ley y el orden (capítulo 7)

El capítulo de “Ansiedad sexual” se dedica a la idea de la preservación de la raza y del patriarcado, por eso el odio hacia el feminismo y los inmigrantes. Los mitos de violadores pertenecientes a estos últimos, o las políticas sobre la familia “natural” y la obsesión por la natalidad.

Sodoma y Gomorra es el penúltimo de los capítulos. Allí se nos explica como la ciudad se convierte en el lugar en donde, por su mayor diversidad, se encuentran aquellos grupos que los fascistas pretenden eliminar. Así, las zonas rurales adquieren para las políticas fascistas una mayor pureza.

Finalmente, el libro acaba con el capítulo Arbeit match freí (el trabajo te hace libre), lema que se encontraba a la entrada del campo de Auschwitz. Aquí observamos como el fascismo toma la meritocracia para usarla en su favor y considerar que el Estado no debe ayudar a nadie. Cada uno se debe ayudarse a sí mismo por medio de su trabajo.

Tras su lectura y la multitud de ejemplos que nos da de hoy y de ayer, el autor consigue el objetivo propuesto, que no es solo el de explicarnos las políticas fascistas, sino como estas están entre nosotros y, sobre todo, cómo muchos de nosotros nos hemos dejado convencer por ellas como si fuera algo lógico, sin profundizar más allá del bombardeo de mensajes breves y repetitivos.

Entrevista al autor

Fuente Infolibre 03/03/2019

Jason Stanley, Estados Unidos, 1969

Pregunta: FACHA es una advertencia, una llamada de atención para que los ciudadanos permanezcamos vigilantes. ¿Hasta qué punto existe un riesgo de desatención al ascenso del fascismo? ¿De verdad estamos pasando por alto el problema?

Respuesta: En tiempos en que las normas democráticas liberales son más o menos explícitamente debatidas en la esfera pública (si no siempre), resulta chocante para los ciudadanos que aquellos que hacen una campaña explícita aparentemente en contra de esos mismos valores logren tener éxito electoral. Parece que la autocomplacencia es casi una especie de acompañante necesario de la democracia liberal: la gente en las democracias liberales no puede imaginar que las ideologías antiliberales explícitas resurjan, incluso si la realidad ya ha sido bastante antiliberal.

P.: En España, 40 años después del fin de la dictadura, la cuestión de los crímenes cometidos por el fascismo y el juicio moral que merecen sigue sin resolverse. La democracia española no se construyó sobre la condena del franquismo, sino que es el resultado de un pacto de impunidad. Sigue habiendo miles de víctimas enterradas en fosas comunes mientras el actual gobierno libra una batalla legal para sacar los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos. Esto, por extraño que parezca, sucede en una democracia europea consolidada en el siglo XXI. ¿Se puede fundar una democracia sobre la base de una ley de punto final, todavía vigente, que consagre la impunidad de los crímenes de una dictadura fascista?

R.: Creo que su comentario “Esto, por extraño que parezca, sucede en una democracia europea consolidada en el siglo XXI” habla de la extraña característica de la democracia liberal a la que me referí en mi primera respuesta. La democracia liberal es un tipo de droga que hace que parezca que la forma de ser actual de la nación hace tan sólo 40 años era una historia antigua insondable. Pero sí, yendo a la cuestión principal, tratar francamente con un pasado antidemocrático, de hecho en el caso de España un pasado fascista, es absolutamente esencial si uno quiere empezar a dejarlo atrás. Tenemos una discusión similar sobre los monumentos confederados en los Estados Unidos.

P.: En España se ha iniciado un debate como resultado de que una parte de la sociedad intenta blanquear el fascismo español equiparando víctimas y verdugos. ¿Cómo podemos luchar contra algo así? ¿Qué pueden hacer los medios de comunicación, los líderes de opinión y la sociedad civil para asegurar que la verdad prevalezca e impedir la normalización de la ideología fascista?

R.: No tengo respuestas claras sobre esto; la historia sugiere que es muy difícil. Después de todo, en mi propio país, aquellos que lucharon por preservar la institución de la esclavitud a mediados del siglo XIX todavía son venerados por muchos estadounidenses como héroes. Tiene razón en que hay que alterar esa narrativa. Cambiar la cara pública de las cosas, dejar de honrar los nombres de los fascistas, quitarles monumentos, es todo un comienzo. La cara pública de un país democrático liberal debe reflejar el respeto por aquellos que lucharon por preservar las normas democráticas liberales. Creo que en el caso de España también hay que desafiar los primeros momentos de la historia, para desarraigar una propensión al nacionalismo y a glorificar la identidad española: estoy pensando específicamente en la historia de colonización de España.

P.: Usted dijo en un artículo reciente en THE NEW YORK TIMES que “la lucha por mantener una cultura democrática liberal mientras se vive con fantasmas temibles es interminable”. ¿No es posible la redención? ¿No es posible refundar un sistema político sin pasar por alto su pasado?

R.: Depende de lo que entienda por “redención”. Si se refiere a un punto después del cual uno no necesita reflexionar sobre su pasado, entonces no, no es posible. Pero eso no debería alarmarnos; el problema es con ese concepto de redención. El artículo del TIMES al que se refiere fue escrito sobre Alemania, que, quizás más que ningún otro país en la historia, constituye una prueba para la redención. En él sostengo que no podemos pensar en la redención como un momento que uno alcanza, después del cual uno nunca tiene que preocuparse de que las eras problemáticas del pasado de un país sean revividas como modelos. Esta es una falsa concepción de la redención. No deberíamos buscarlo, porque es imposible. En cada momento futuro en los Estados Unidos, nuestros textos de historia deben discutir centralmente el genocidio de los pueblos indígenas de las Américas y los horrores de la esclavitud, Jim Crow y el encarcelamiento masivo actual [Jones denuncia desde hace tiempo la sobrerepresentación de los negros en las prisiones norteamericanas]. Lo mismo ocurre con España y su historia del fascismo. Y debo añadir que con la Reconquista, que todavía se celebra en algunos lugares de España como un acontecimiento positivo más que como un acto de brutalidad religiosa.

P.: La batalla que se sigue librando hoy en día en España por la memoria de los crímenes del fascismo ha alimentado, en opinión de muchos, el despertar organizado de la extrema derecha. ¿Existe una forma ideal de gestionar la memoria del pasado fascista?

R.: La manera ideal de gestionar la memoria del pasado fascista es confrontarla, en las escuelas y en los monumentos públicos. En una democracia liberal, la educación tiene un papel especial: promover los valores democráticos liberales. Un país no es una democracia liberal a menos que tenga un sistema educativo democrático liberal, que enfrente abiertamente los aspectos antiliberales de su pasado. En mi experiencia, España está lejos de tener un sistema educativo como este. Tal vez si la historia colonial española se enseñara como el horror que fue, tendría menos sentido como algo glorioso unido a la identidad española.

P.: Los diez pilares del fascismo que usted enumera en su libro parecen estar escritos para describir a Vox. Las similitudes son asombrosas. Desde el pasado mítico hasta la propaganda, pasando por la apelación a la emoción y la ira, la lucha contra la verdad, la victimización, la jerarquía, la ansiedad sexual e incluso el darwinismo social. Es preocupante que el fascismo reproduzca los mismos patrones en todo el mundo, ya sea en Estados Unidos, Brasil, Hungría o España. ¿Por qué sucede esto?

“Varios de los elementos del fascismo son tan antiguos como las sociedades humanas”

R.: Escribí mi libro por el temor muy real de que la gente pensara que el fascismo era una ideología específica de mediados del siglo XX. Mi visión del fascismo es muy diferente. La ideología fascista, tal como la describo en el libro, no es muy antigua, ya que se basa en desarrollos del siglo XIX como el nacionalismo. Pero varios de sus elementos son tan antiguos como las sociedades humanas: el deseo de un líder fuerte que represente al pueblo contra un enemigo en su mayoría ficticio, la valorización del propio grupo, independientemente de cómo se defina, por encima de otros que tengan igual valor, el reemplazo de la verdad por el poder. Hay una cierta especificidad en la ideología fascista, una que se aplica en lugares muy diferentes y en condiciones muy diferentes. ¿La democracia liberal puede aparecer en lugares muy diferentes bajo condiciones muy diferentes? ¿Por qué no, entonces, su antítesis, el fascismo? Esta ideología específica puede haber sido elaborada a la perfección en el siglo XX, pero ha demostrado tener un atractivo universal, como lo sostengo en mi libro, con ejemplos de todo el mundo.

P.: En su opinión, ¿cuál es la razón de la actual expansión del fenómeno? ¿Es culpa de las redes sociales o de la fragilidad del periodismo? ¿Se reproduce espontáneamente? ¿Está creciendo solo o está siendo diseminado deliberadamente por gente como Steve Bannon?

R.: Esta es una pregunta más para un historiador que para un filósofo. Mi objetivo como filósofo era tomar la ideología que veo replicada bajo condiciones muy diferentes, y describir el funcionamiento de esa ideología. Cómo se utiliza para justificar varias acciones que no son racionalmente justificables (como en mi país, construir un muro enormemente caro en la frontera sur de los Estados Unidos sin ninguna razón racional para ello). Pero uno piensa que sabemos por la historia que parece haber épocas de globalización donde las barreras nacionales son permeables a la cultura, a las transferencias de dinero y a otros pueblos, y esas épocas son a veces seguidas por movimientos contrarios del tipo que estamos viendo ahora, ya que la gente siente que sus tradiciones nacionales están bajo amenaza. Es particularmente malo cuando hay fallas obvias en la toma de decisiones por parte de las élites, como la crisis financiera, la guerra de Irak o la Primera Guerra Mundial.

P.: Una de las cosas que más preocupa a quien observa el fenómeno en España es cómo los partidos tradicionales, como el PP o Ciudadanos, asumen como propias algunas ideas de los fascistas para intentar no perder adeptos. El simple hecho de hacerlo normaliza a los que defienden al fascismo y expande su pensamiento por todo el sistema como una mancha de aceite. ¿Están preparadas las democracias para contener situaciones como ésta?

R.: El patrón que usted describe es algo que estamos viendo alrededor del mundo: el partido conservador tratará de cooptar la agenda del movimiento fascista para obtener su apoyo. A veces, esto se celebra erróneamente como una victoria; por ejemplo, cuando el movimiento fascista original pierde el poder frente al partido conservador que ha adoptado su plataforma. Pero en realidad esto sólo significa que la agenda fascista se ha hecho respetable. Y luego el partido conservador mantendrá al partido fascista como una forma de demostrar que es un partido “respetable”, que de hecho contiene al movimiento fascista, cuando en realidad está promulgando su agenda. Vemos esta dialéctica en Hungría, con la relación entre Fidesz y Jobbik; en Austria, entre el Partido Popular Austríaco y el Partido de la Libertad y, para ser franco, en los Estados Unidos, entre los movimientos de supremacía blanca y varios elementos del actual Partido Republicano. Este es el método por el cual las ideas de la extrema derecha entran en la corriente principal.

P.: Una de las paradojas que más me sorprende de la xenofobia en Europa es que a veces los medios de comunicación parecen prestar más atención a los planes de Trump de construir un muro que a la decisión de las naciones europeas de no proporcionar los medios necesarios para rescatar a los inmigrantes en el Mediterráneo y evitar que se ahoguen. ¿Es la hipocresía uno de los males de la vieja Europa?

“Si el sistema educativo europeo enseñara mejor sobre los horrores del colonialismo, habría un mayor sentido de la responsabilidad”
R.: Quizás el pasado colonial de Europa traiga consigo un sentimiento de superioridad sobre el nuevo mundo. Una hipótesis: si el sistema educativo europeo enseñara mejor sobre los horrores y las brutalidades del colonialismo, sobre el modo en que los países europeos son históricamente responsables de gran parte de la

miseria que vemos en América Central y del Sur, y en África, habría un mayor sentido de la responsabilidad.

P.: ¿Es el odio hacia el refugiado, el inmigrante, el alimento principal del fascismo hoy en día?

R.: Los refugiados y los inmigrantes fueron blanco del fascismo alemán en el siglo XX, y sí, parecen ser el combustible perfecto para los políticos fascistas de hoy. Las democracias liberales tolerantes tienen sus metáforas: piense en la metáfora estadounidense de un “crisol” de ciudadanos. El fascismo se nutre de mitos y metáforas de pureza: pureza étnica y racial. En ausencia de grupos minoritarios domésticos, los inmigrantes son la opción natural a elegir, como bien dice usted, para ser seleccionados como el “alimento” de este tipo de política.

P.: ¿Se ha despertado la sociedad americana? ¿Cuál es su pronóstico para las próximas elecciones presidenciales?

R: Estados Unidos tiene una larga historia de venerar el capitalismo rapaz y el nacionalismo blanco. Por lo tanto, uno también podría preguntarse si Estados Unidos “se despertó” con la elección del presidente Trump. Soy un filósofo, así que no me dedico a hacer predicciones.

P.: Europa está a punto de celebrar elecciones a su Parlamento el próximo mes de mayo y existe un gran temor a que el ascenso de la extrema derecha dinamite el sueño de un continente abierto y solidario. ¿Cómo podemos abordar este debate? ¿Cómo podemos devolver a los europeos la conciencia de los valores fundacionales de sus instituciones políticas comunes?

R.: Hay que cambiar los términos del debate público de la seguridad y la protección a valores liberales como la justicia y la tolerancia. Esto lo hicieron con gran éxito en Suiza, por organizaciones como la Operación Libero, ante la amenaza de referendos que planteaban castigar a los inmigrantes recién llegados con penas draconianas como el exilio por violaciones menores de la ley. Es necesario cambiar el enfoque del debate público de la delincuencia, la seguridad, la protección y la pureza a valores europeos como la justicia y la tolerancia. Eso es esencial.

P.: En su libro, usted dice que en los Estados Unidos se enseña la bandera del nacionalismo a las clases obreras y medias blancas para que los oligarcas puedan llevarse el botín del Estado. ¿El fascismo se alimenta de la desigualdad?

R.: El fascismo se alimenta del resentimiento, y la desigualdad genera resentimiento. Es esencial, para mantener la amenaza fascista en suspenso, minimizar sus fuentes.

Monstruos verdaderos amenazan el planeta

El sábado 18 de enero a las 12,30 h se presenta en la librería LA CENTRAL DE CALLAO

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LIBRO ILUSTRADO infantil/juvenil que describen todas las amenazas que se ciernen sobre el equilibrio medioambiental del planeta, clasificándolas y poniéndolas nombre de monstruos, con páginas desplegables que contienen fichas detalladas de las acciones que debilitan al monstruo y las que lo refuerzan. Una forma muy interesante de aproximar a las/los más jóvenes a la defensa del medio ambiente utilizando un lenguaje que puedan entender.

Hay monstruos merodeando por el planeta: vuelan sobre tu cabeza, viven en las profundidades del mar e incluso se esconden en las alcantarillas. Provocan tormentas, secan ríos y lagos y ahuyentan a los animales.
El inmenso Basurokong, el desagradable Esmogodón, el pegajoso Grasodonte o el invasivo Urbanosauro harán que los monstruos que hay debajo de tu cama parezcan simples peluches. ¡Y es que estos monstruos realmente existen!

¡Solo héroes medioambientales como tú pueden derrotarlos! ¡Hazte pequeño activista y ayúdanos a vencer a estas malvadas criaturas!

El libro incluye una hoja de solicitud para unirse al Club del pequeño activista medioambiental.

La compañía -Veronica Gerbe-

“El huésped”, que pertenece al libro Tiempo destrozado (1959), es el relato más leído y estudiado de Amparo Dávila. Está narrado por una mujer anónima, cuya casa es ‘tomada’ por un extraño inquilino que su esposo la obliga a hospedar. Este parásito de naturaleza incierta se dedica a hostigar y aterrorizar a la protagonista, a sus hijos y a Guadalupe, quien hace las labores domésticas.
Fuente de la publicación: indiana93

Frente a la indiferencia y el gaslighting del marido, el pavor sustituye a la paz de la amplia casona, proyecta una sombra sobre los jardines, pasillos y rincones del hogar, hasta que las dos mujeres urden un plan para matarlo.

Sesenta años después aparece La Compañía (2019) de Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981). Se trata de una pieza que emplea el texto de Dávila como antecedente, como base sobre la cual construir un fotorelato agrotóxico. El argumento, ahora, aborda las consecuencias medioambientales de la extracción de mercurio en el estado de Zacatecas, mismo lugar donde nació y creció Dávila. En un lapso que se extendió desde los años cuarenta hasta los ochenta, pasando de propietario en propietario, las minas generaron cuantiosas ganancias económicas pero no poca derrama de sustancias tóxicas para los cuerpos de los y las habitantes de San Felipe Nuevo Mercurio.

La autora hace adecuaciones a los tiempos verbales y a las personas gramaticales del texto original anterior y, además, sustituye actualiza el sintagma “El huésped” por “La Compañía” y “Guadalupe” por “la máquina”. Donde antes Dávila escribió “Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje” (19), Gerber Bicecci compone:

La Compañía 1

La “artista visual que escribe” (como ella misma se define) abstrae el trasfondo común entre el argumento de Dávila y el extractivismo zacatecano: un poder masculino que se impone sobre un espacio feminizado: una casa o un territorio que son penetrados, así como los efectos ponzoñosos de una expansión paulatina y ominosa. Bajo los terrenos de esa zona de la Sierra Madre Oriental se ramifica una serie de túneles que, como el huésped del cuento, disminuye a los cuerpos que toca. Asimismo, el montaje de Gerber Bicecci da cuenta de una mirada hegemónica que, desde el privilegio de género, no es capaz de ver el peligro que representan estas intromisiones para la vida. “Es completamente inofensivo […]. Te acostumbrarás a su compañía” (19), dice el marido de la protagonista.

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La Compañía va dando cuenta, a través de una estructura fragmentada y en viñetas, de la evolución del lugar, del valor económico del mercurio ante el armamentismo del siglo XX y de cómo la inhalación de partículas de sílice o cristales de carbón y el depósito a la intemperie de “bifenilos policlorados”, producidos por la transnacional Monsanto, provocan inflamaciones, sangrados y malformaciones, así como otros padecimientos: “El mercurio se queda en el ambiente [biodisponible]. Produce falla renal y locura cuando es muy grande la intoxicación. Hay un momento en el que te llega a provocar daños mentales” (131). Del mismo modo, se reporta la incidencia de abortos espontáneos y cánceres.

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Por tales motivos, encuentro en esta obra un gesto ecofeminista. Para Margarita Carretero González, el ecofeminismo es el entronque teórico-filosófico “dedicado a estudiar el modo en que la opresión que las mujeres sufren en la sociedad patriarcal es un reflejo del que el ser humano ejerce sobre la naturaleza no-humana” (178). Si extrapolamos esa perspectiva a la crítica literaria, andamos rastreando, en concreto, textos que vinculen el deterioro ecológico con la precarización de los cuerpos mayormente vulnerados y no privilegiados por el sistema. Por lo tanto, me parece que Gerber Bicecci se une así a las coordenadas de La novia oscura (1999) de Laura Restrepo, Fruta podrida (2007) de Lina Meruane o Distancia de rescate (2014) de Samanta Schweblin, entre otras narrativas que tematizan el antropoceno heteropatriarcal y, como afirma Betina Keizman, se adhieren al “colapso de la antigua distinción humanista entre la historia natural y la historia humana” (231), diluyen las fronteras entre lo humano y lo no humano. ¿Es por eso que su portada, compuesta por un mapa de las minas en ‘espejo’ nos hace pensar en un insecto, en un bicho?

 

Este cuestionamiento fronterizo también compete a las elecciones formales del libro, como ha ocurrido en publicaciones anteriores de la autora. La pieza transgrede los límites impuestos entre los géneros literarios (cuento, fotonovela, crónica, reportaje), porque yuxtapone el texto de Dávila con imágenes (fotografías en blanco y negro cuya sobreexposición ‘quema’ los márgenes de los objetos y los espacios: carreteras, cactáceas, canteras, barriles, edificios en ruinas), y con los trazos geométricos del también zacatecano Manuel Felgúerez. Por si fuera poco, el proyecto tiene diversos antecedentes, entre los que se cuentan una instalación y un ‘oráculo’ web: “La máquina distópica”. ¿Es este experimento con un bot virtual la sustitución del trabajo doméstico de Guadalupe en La Compañía? En la producción esta autora la imagen no cumple una función complementaria o subordinada, acompañando o ilustrando el texto, sino que, como argumenta Roberto Cruz Arzabal, conforma un dispositivo que amplía las poéticas materiales (305) y que pone en práctica la ‘desapropiación’ que postula Cristina Rivera Garza en Los muertos indóciles.

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Para finalizar, hay que mencionar que la impronta ecológica igual está presente en Otro día… (Poémas sintéticos) (2019). En esta pieza, publicada al mismo tiempo que La Compañía, la artista reescribe haikús de José Juan Tablada y los intersecta con la crisis medioambiental. Las portadas de ambos libros (1919, 2019), son efecto de otra yuxtaposición o palimpsesto, que puede observarse en la última imagen de esta reseña. A un siglo de haberse publicado Un día… Poemas sintéticos, Gerber Bicecci actualiza los antes admirados elementos de la naturaleza: ríos crueles, agriculturas colapsadas, pinzas biónicas y, lo que más me interesa, enfermedades como el cáncer por efecto de los agrotóxicos. El poemínimo “Las nubes”, incluso, puede leerse como puente entre ambos artefactos. Sin duda, la relación entre el acercamiento ecofeminista y la resistencia a los dispositivos textuales estancos es línea clave para la investigación presente sobre la obra de la autora.

 


Puedes comprar el libro de Verónica Gerber aquí: La Compañía

¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal

Autores: Tejero, Héctor y Santiago, Emilio Editorial: CAPITÁN SWING - 2019

“Los últimos informes científicos señalan que la década 2020-2030 es decisiva. Las medidas que tomemos -o no-de aquí a 2030 van a determinar la evolución climática del planeta y, quizá, el fin de la civilización”

Este libro nos ofrece una interpretación del abordaje de la responsabilidad política que mueve la rebeldía social y en la que también EPQQ puede hallarse reflejada: “… una tensión entre un análisis crítico inengañable y una ilusión  utópica  indesilusionable”. “El compromiso de implicarse en un combate -que se sabe necesario- que seguirá mucho después de que nosotros muramos es un tipo de embriaguez muy especial: la seguridad de que el destino no sólo se sufre, sino que siempre se puede provocar

Vivimos tiempos extraordinarios: nunca antes ningún ser humano había experimentado una concentración de gases de efecto invernadero como la actual. El cambio climático y la crisis ecológica se están acelerando a un ritmo insospechado y ahora nuestra casa está en llamas. ¿Qué hacemos en un incendio? Mantener la calma y buscar una salida de emergencia. En este libro, Emilio Santiago y Héctor Tejero nos muestran primero la magnitud del incendio que amenaza nuestro futuro, y luego tratan de señalarnos una vía de escape hacia la que dirigirnos y ganar tiempo. Este horizonte de transformación urgente debe abrirse camino entre dos tentaciones desmovilizadoras: el catastrofismo, que otorga al colapso el estatus de un hecho consumado, y el tecnoutopismo liberal, que pretende rebajar la sostenibilidad a un problema técnico gestionable por el mercado. Esto implica asumir una premisa fundamental: la crisis ecológica es esencialmente una disputa política. Y para que los de abajo podamos vencer en la próxima década, que se antoja decisiva, los autores hacen una apuesta por el Green New Deal. Dado a conocer globalmente  por  Alexandria  Ocasio-Cortez,  el  Green  New  Deal  es  un  ambicioso programa de intervención pública y movilización social para frenar los peores desmanes del nihilismo ecológico y social neoliberal. Y puede convertirse en la llave maestra de un proyecto político ecologista de mayorías, capaz de plantar cara a la destrucción de la vida y de ganar un futuro mejor para todos los habitantes del planeta.

FAKE NEWS LA VERDAD DE LAS NOTICIAS FALSAS

FAKE NEWS LA VERDAD DE LAS NOTICIAS FALSAS Autor: Marc Amorós García Editorial: Plataforma Editorial – 2018 PVP: 16,00 €

Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada (Mark Twain)

Un usuario de FB verifica la verdad de una noticia después de contrastarla con sus opiniones preconcebidas (The Onion)
¿Qué prefieres leer fake news o comer caca?

La pregunta no es gratuita. Pueden parecer dos acciones muy distintas, pero para el papa Francisco son lo mismo: “los
periodistas que difunden fake news corren el riesgo de caer presos de la coprofilia (amor por la caca) y sus lectores, corren el riesgo de coprofagia (ganas de alimentarse de heces)”, afirmó Francisco en una entrevista. En todo caso, las dos acciones afectan a nuestra salud. Comer caca a la nutricional, leer y creer en fakes news a nuestra salud informativa. Y una sociedad con una mala salud informativa vive condenada a la ceguera. Si llegamos al punto de no poder confiar en las noticias, solo nos creeremos las que confirmen nuestro pensamiento, las que nos den la razón.

Así, nos volveremos sorda/os y ciega/os a aquellas noticias contrarias a nuestros prejuicios y opiniones preconcebidas. No estaremos dispuesta/os a que la información nos quite la razón, acto que nos llevará a una polarización cada vez más radical y a la involución.

Vamos por la calle y vemos a un niño con pantalones cortos y gorra inglesa pregonando: ¡¡fake news… extra, extra, mentiras frescas¡¡ ¿Compraríamos este periódico?. Apuesto a que no. La pregunta sería: si no lo hacemos en la calle ¿porqué lo hacemos por internet o en las redes?

Los FN son informaciones falsas diseñadas para hacerse pasar por noticias con el objetivo de difundir un engaño o una desinformación deliberada para obtener un fin político o financiero.

Las 3 piezas clave que tienen las FN son un titular impactante, una revelación que nos reafirma o nos indigna y una apariencia legítima o confiable. Y sin duda, la indignación y, en especial, el miedo son los motores para virilizar los FN y sin escrúpulos (de quien difunde y de quien las recibe), mejor. Para que una noticia falsa se haga viral debe primar la emoción sobre la reflexión, y su impacto generar ser de tal magnitud que nuestra primera reacción irrefrenable es compartirla, y que los demás nos digan que están de acuerdo con nosotra/os.

Una buena noticia falsa es la que refuerza nuestros prejuicios y opiniones.

Las FN, son la droga de moda. Las drogas actúan sobre nuestro sistema límbico y provocan una sensación de placer: por tener razón, por ser aceptada/os por los demás, por sentirnos conectada/os. Potente adicción que como animales consumistas –de información- somos incapaces de sortear.

Las trampas de nuestro cerebro favorecen el éxito de las FN:

  • Trampa 1: el cerebro siempre quiere darnos la razón (sesgo de confirmación). Filtro para destacar lo que nos da la razón e ignorar la que nos la quita
  • Trampa 2: el cerebro etiqueta como más ciertas las noticias más repetidas (efecto de la verdad ilusoria). Una noticia falsa compartida mil veces hoy, se convierte en verdad mañana.
  • Trampa 3: el cerebro siempre busca aliados. Nos juntamos con gente afín para reforzar nuestras creencias.
  • Trampa 4: el cerebro se autoengaña (disonancia cognitiva), para obtener ciertos beneficios que entiende más importantes que aceptar la realidad como es.
  • Trampa 5: el cerebro no lleva bien no recordar con precisión, y ante la duda se acoge a una explicación aunque sea falsa y la entiende cierta con solo sonarnos de algo.

    ¿Quiénes son los responsables de que las FN tengan tanto éxito? Nosotra/os: retuitea, cuélgalo en tu muro, wasapéalo, repinéalo…No te quedes tu sola/o con la noticia ¡comparte, comparte¡. Porque nosotra/os somos ya “medios de comunicación” (enorme responsabilidad cívica).

    Vivimos atrapada/os en un mundo de información deseada, con habitantes que opinan igual que nosotra/os (los demás, ni existen) y comparten mensajes informativos irreales pero deseados.

    ¿Qué hacer contra las FN?

    1. Mejor periodismo: más hechos, menos opinión (pagar por su independencia). EDUCACIÓN
    2. Reducir su difusión “Todos contra el fuego, tú lo puedes evitar”. EDUCACIÓN
    3. Convertirnos en detectores de FN. Pautas que las delaten. EDUCACIÓN
    4. Acabar con la impunidad de las FN. Mentir en un juicio es delito (ante profesionales de la

      justicia) o recrear escenas en entornos lúdicos ¿y no lo es contaminar a la ciudadanía con

      noticias falsas?

    5. Desincentivar económicamente las FN. Sin dinero, no hay paraísos de la falsedad. La

      mayoría de la gente recibe su información de redes que reciben dinero cada vez que alguien hace un “clic”.

    Bienvenida/os a su mundo feliz. Bienvenida/os a sus noticias afines. Bienvenida/os a Fake World… Si no quieren participar estén más atenta/os…

Contra todo esto, un manifiesto rebelde. Autor Manuel Rivas

FRAGMENTOS:

ISBN: 9788420431857
Editorial: ALFAGUARA
Año de la edición: 2018

– Gozamos de tres bienes de incalculable valor: la libertad de palabra, la libertad de conciencia y la prudencia de no poner en práctica ninguna de ellas” (MARK TWAIN)

– Cada vez que nace algo nuevo salen detrás todas las jaulas (FRANZ KAFKA)

– Hoy es preciso un alto en la derrota (JAVIER EGEA)

—Hola —dijo el controlador—, sáquese las alas y siéntese (PHILIP K. DICK)

 

Entre las averías de un Estado de derecho, tal vez la más gravosa y fraudulenta es contraponer seguridad y libertad”… El mandatario que embiste contra todo lo que se mueva (ley mordaza)… en lugar de resolver conflictos con la naturaleza propia de las democracias, con más democracia, prodiga cada vez más la intimidación. Orwell ya advirtió que el nuevo totalitarismo vendría  enarbolando la bandera de la libertad.

El camino hacia el horror siempre está pavimentado por el asfalto de la indiferencia de una mayoría. “Todo lo que la tiranía necesita para afianzarse -advirtió T. Jefferson- es que la gente de buena conciencia permanezca en silencio”

Contra todo esto no deja títere con cabeza. El coruñés Manuel Rivas ahonda en la problemática de la situación que atravesamos: una sociedad que involuciona y un Estado del bienestar convertido en utopía. La literatura, el ecologismo, la religión, el periodismo o el feminismo son sólo algunos de los temas que podrá encontrar en las páginas de este manifiesto.

La canallocracía, término acuñado por la poesía de Rubén Darío, parece ser el adjetivo que mejor describe «todo esto». Pero ¿qué es todo esto?: Todo esto es descivilización. Todo esto es retroceso y rearme. Todo esto es inquisición contra la mujer. Todo esto es domesticación del intelectual y del pueblo. Todo esto es metástasis de la corrupción política. Todo esto es pasividad ciudadana. El escritor parte de la desazón y desasosiego que genera la utopía bajo la que crecimos: «Hemos nacido en un país destartalado, donde no había mejor lugar para vivir que el futuro», ¿Estamos dispuestos a luchar contra todo esto?