La Sociedad de La Externalización: de Stephan Lessenich

En su obra “Unveiling Inequality” Korzeniewick y Moran proponen una sociedad ficticia a la que pertenecen exclusivamente los perros de los hogares estadounidenses. Ponen los gastos medios anuales que tuvieron esos hogares (en 2008) como “ingresos per cápita” y, sorpresa (¿o no?), ese Dogland ficticio se posiciona mejor situado que el 40% de los países del mundo.

 

“En alguna parte se destrozan cuerpos para que yo pueda vivir en mi mierda”

H. Müller, Máquina Hamlet

 

Autor: Stephan Lessenich Editorial: Herder-2019

En su obra “Unveiling Inequality” Korzeniewick y Moran proponen una sociedad ficticia a la que pertenecen exclusivamente los perros de los hogares estadounidenses. Ponen los gastos medios anuales que tuvieron esos hogares (en 2008) como “ingresos per cápita” y, sorpresa (¿o no?), ese Dogland ficticio se posiciona mejor situado que el 40% de los países del mundo.

 

Tenerlo todo y querer aún más, preservar el propio bienestar a costa de denegárselo a otros: esta es la máxima de las sociedades desarrolladas, aunque se intente disimular en el ámbito público. Esta obra presenta un riguroso y mordaz análisis de las relaciones de dependencia y explotación en el mundo globalizado. Porque el Capitalismo NO puede mantenerse por sí mismo. Vive de la existencia de un “afuera” sin el cual su fuego, presuntamente eterno, se extinguiría muy rápidamente. Nuestro insensato bienestar sólo se puede entender en correlación con la explotación de las personas, de los recursos, de las tierras y del medio de los países pobres del sur global, con la reducción de sus oportunidades vitales junto con el levantamiento de muros para no que no perturben nuestro bienestar.

 

Occidente externaliza sistemáticamente los efectos negativos generados en pos de nuestro modo de vida sobre los países más pobres de otras regiones del mundo. A diferencia del ideal que querríamos creer, si nos va bien es porque desplazamos sistemáticamente muchos de los problemas que genera nuestro estilo de vida sobre los más desfavorecidos.

Frente a las poderosas fuerzas que quieren obviar u ocultar los trasfondos y los efectos secundarios del capitalismo, hace falta asumir y aumentar la responsabilidad individual y colectiva con los demás para acabar con la pobreza y la explotación, la violencia y la devastación natural. En la campaña electoral de 1992 un consejero de Clinton estimuló a sus ayudantes con una frase que sintetizaba mejor que nada la historia que se vivía: “Es el capitalismo, imbéciles”. Este libro contribuye a despejar la cuestión elemental de querer o no querer saber lo evidente de que no vivimos por encima de nuestras posibilidades, como gusta decir a las corrientes irreflexivas del neoliberalismo, sino por encima de las posibilidades de otros.

 

Pero el precio de esta sociedad irresponsable de la externalización se hace cada vez más visible (la actual pandemia contribuye a ello), los daños colaterlaes de nuestro modelo de progreso cada vez se pueden obviar menos: trabajo sucio en las naves industriales del sur, depósitos de residuos tóxicos y basuras en África o Asia, campos de refugiados en las fronteras de terceros o cuartos países, casquetes polares que se derriten y nivel de mar ascendente en el otro extremo del mundo entre catástrofes climáticas en aumento.

 

La “normalidad” del bienestar del norte “se ha quedado reducida a un recuerdo de infancia”. Se hace cada vez más difícil deslocalizar los daños y reservarse las ganancias. Por fin