La relación entre peor salud y pobreza está más que demostrada, y según todos los datos la mejor la forma de atajar el problema sería lograr unas sociedades más justas y más igualitarias.

En internet resulta sencillo acceder a un estudio que lleva por título “Desigualdades socioeconómicas en la mortalidad en Pamplona y Logroño en el periodo 1996-2007”. En el mismo se concluye algo que la intuición nos podía hacer pensar, que la esperanza de vida es menor a medida que descendemos en los índices socioeconómicos de la población.

Para resolver qué de universales tienen las conclusiones del estudio, es posible acceder a otro documento, el dossier titulado “Las desigualdades en salud a nivel urbano y las medidas efectivas para reducirlas”, que refleja, entre otras cuestiones, idénticas conclusiones para las ciudades de Valencia y Bilbao.

Si se abarca un mayor área geográfica, la publicación “Los determinantes sociales de la salud. Los hechos probados” de la Oficina Regional para Europa de la la Organización Mundial de la Salud —curiosamente o contradicctoriamente se puede descargar del portal del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad— recoge frases tales esclarecedoras:

— “En todas las sociedades se da el hecho de que a medida que descendemos por la escala social, se va acortando la esperanza de vida y se vuelven más comunes la mayoría de las enfermedades”

— “La vida es corta donde su calidad es pobre. La pobreza, la marginación social y la discriminación cuestan vidas porque provocan privaciones y resentimiento”

— “El estrés en el trabajo eleva el riesgo de enfermedad. Las personas que tienen un mayor control sobre su trabajo están más sanas”

— “Tasas de desempleo más elevadas causan más enfermedades y muerte prematura”

— “Dado que las fuerzas del mercado global controlan el suministro de alimentos, la alimentación saludable es una cuestión política”

— “Un sistema de transporte saludable implica conducir menos y caminar y pedalear más contando con el respaldo de un sistema transporte público mejorado”.

A nivel global, los cinco países con menor esperanza de vida al nacer —en torno a los 50 años— son Angola, República Centroafricana, Chad, Lesoto y Sierra Leona, precedidos de una treintena de países africanos más.

La relación entre peor salud y pobreza está más que demostrada. Según los datos, análisis e incluso propuestas de intervención en los ámbitos sanitario, social, comunitario, urbanístico, deportivo, etc, queda más claro todavía que la mejor la forma de atajar el problema sería lograr unas sociedades más justas y más igualitarias. Pero para esto no nos hacen falta más estudios, hace falta ponerse a trabajar.

Fuente: La Espiral (elsaltodiario.com)