En el día internacional de los Derechos humanos, el ambicioso preámbulo de la Carta dice que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables para todos los miembros de la familia humana.

“¿Son estos derechos una utopía en estos tiempos?”

 

Asociación Vecinal de las Rozas El Pueblo Que Queremos

En fechas como hoy, – en realidad siempre -, te preguntas cómo estos treinta derechos humanos básicos e independientes del estatus social, sexo, religión, etnia o nacionalidad, (art.2) pueden hacer que las vidas de todas las personas sean dignas de vivirse, libres de violencia en cualquier lugar de nuestro hogar común que es la tierra.

¿Son estos derechos una utopía en estos tiempos?

A estas alturas hemos constatado que la globalización no ha consistido en universalizar el bienestar social, la sanidad y la educación a nivel global sino en seguir enriqueciendo a los que ya son ricos, a los poderosos de siempre. Al Capital y su entramado de  empresas, personas e instituciones a su servicio.

Comprobamos que no somos iguales en derechos y dignidad como establece su artículo 1. El derecho humano básico a la subsistencia y el acceso a recursos, se ha visto conculcado de forma desigual según en qué territorios. Mientras el norte sufre, el sur agoniza.

Los derechos económicos, sociales y culturales (arts.22, 23, 25 y 27) del frágil estado de bienestar se han ido desmantelando con la pérdida de miles de puestos de trabajo, los desahucios y la pobreza energética creciente. ¡En la propia comunidad de Madrid, la Cañada Real Galiana lleva dos meses sin luz!

La Covid 19 ha venido a exacerbar desigualdades ya existentes, especialmente en el caso de las personas migradas en situación administrativa irregular que sufren múltiples opresiones y que no denunciarán a los perpetradores por temor a ser deportadas. Estos,  legitimados por un sistema que prioriza el control migratorio con funcionarios de los servicios sociales, la sanidad y cuerpos y fuerzas de seguridad del estado incluidos. El sistema las ve primero como migrantes y luego como personas o incluso víctimas de violencia de género o trata. ¡El sistema sigue culpabilizando a la migración incluso de los contagios en España!

Los “servicios esenciales” son realizados por personas, especialmente mujeres migrantes precarizadas y en régimen de explotación, (art. 4). Así, los trabajos más importantes para el sostén de la vida descansan sobre los hombros de las personas peor pagadas y cuidadas.

La brecha digital ha dejado aislada a muchísima gente, especialmente a niñas y niños vulnerables que han tenido enormes dificultades para continuar aprendiendo (art.26) además de encontrarse en índices de pobreza infantil alarmantes.

Las mujeres e infancia que sufren violencia de género se hallan atrapadas junto a su agresor dentro del domicilio familiar, sin poder pedir ayuda y menos huir…

Aquí, en Europa, España, Gran Canaria, en el puerto de Arguineguín, mujeres, hombres y niños llevan semanas pasando frío y hambre a la espera del reconocimiento de sus derechos, el de asilo y de hospitalidad. ¿No es esto tortura y trato humano degradante? (arts. 5 y 9) Las devoluciones en caliente, sin escuchar a quienes llegan, (arts.10, 11 y 13 y 14) representan nuestra extrema indiferencia

En nombre de la libertad de expresión, y alimentándose del miedo y la incertidumbre, suben como la espuma los discursos de odio y la aporofobia, (art. 7) antesalas del racismo y la xenofobia.

Nuestra libertad individual se está viendo amenazada con la creciente seguridad (arts. 3, 12 y 20) o mejor securitización, desde la narrativa dominante de que es para protegernos, Demasiados profesionales y funcionarios actúan como auténticos policías de control migratorio y penitenciario.

Mientras levantamos fronteras físicas a las personas, no a los capitales, se diluye nuestra responsabilidad moral respecto de la fraternidad humana y el acogimiento de personas que no tienen otra alternativa que huir de las guerras, la persecución política, el hambre y el cambio climático.

Faltaría un artículo adicional a esta declaración, el 31, que Médicos del mundo expresó de esta manera:

“Toda persona tiene derecho a denunciar la vulneración de cualquiera de los 30 artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos

Urge hacer valer los derechos humanos básicos desde abajo, desde la ciudadanía y repensar otras formas de convivir, relacionarnos y cuidar nuestra casa común para poder sostener nuestras vidas y las de las generaciones futuras con dignidad.

Usemos nuestra imaginación moral para construir un nuevo imaginario social de cultura de la hospitalidad y la solidaridad alternativo al de la exclusión en el que los derechos humanos sean el fundamento de nuestro pensamiento y acción. Preparémonos para defenderlos de los ataques sistemáticos del capitalismo, el fascismo y el patriarcado que ellos han creado.

 

El Pueblo Que Queremos: 10 de diciembre de 2020. día internacional de Los Derechos Humanos