Aumenta la violencia contra las mujeres durante la pandemia

Antes de que llegara el COVID-19, la violencia machista ya era una de las violaciones de los derechos humanos más flagrante y extendida. Según la ONU, en los 12 meses anteriores, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo habían sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Todavía no tenemos cifras de casos durante la pandemia, pero sí hay testimonios de víctimas. La información que nos llega no es más que la punta del iceberg de esa violencia oculta que no se visibiliza.

Fuente: #MujeresDeNegro

Para erradicar esta lacra, la ONU aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer el 20 de diciembre de 1993 y estableció el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra las mujeres. En el artículo primero de su Declaración, la ONU entiende por violencia hacia las mujeres todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en el entorno público como en el privado. Y es que, paradójicamente, algunas de las formas más frecuentes de violencia hacia las mujeres se producen en el seno de su familia, en su propia casa.

Esa violencia se ha ejercido desde los tiempos más remotos del patriarcado, lo más grave es que en momentos de crisis, como la pandemia que estamos viviendo, se acentúa. Imaginemos lo que debe ser vivir el confinamiento encerrada con tu opresor, la imposibilidad que tiene la víctima de pedir auxilio, y, si lo consigue, la dificultad de encontrar ayuda en unos servicios sociales saturados por efecto de la pandemia. Por no hablar de que muchas veces son las propias mujeres las que se imponen ese silencio de no denunciar al agresor para evitar sufrimiento a sus hijos. No se dan cuenta de que, según estos hijos, ese silencio acrecienta su sufrimiento, además de perpetuar modelos de comportamiento asociales e inaceptables.

Una de las mayores lacras que sufre la humanidad es la violencia contra las mujeres. Las sociedades evolucionan en la consecución de derechos, pero el derecho fundamental, el derecho a la vida se les quita cada año a miles de mujeres, en todos los lugares del planeta y en todas las clases sociales se las sigue asesinando. Una de cada tres mujeres en el mundo sufre violencia por parte de los hombres.

Antes de que llegara el COVID-19, la violencia machista ya era una de las violaciones de los derechos humanos más flagrante y extendida. Según la ONU, en los 12 meses anteriores, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo habían sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Todavía no tenemos cifras de casos durante la pandemia, pero sí hay testimonios de víctimas. La información que nos llega no es más que la punta del iceberg de esa violencia oculta que no se visibiliza.

Una vez más, recurrimos al testimonio de la ONU, en palabras de su Secretario General, Antonio Guterres: “Para muchas mujeres y niñas, la amenaza es mayor precisamente allí donde deberían estar más seguras. En sus propios hogares […] Sabemos que los confinamientos y las cuarentenas son esenciales para reducir el COVID-19. Pero pueden hacer que las mujeres se vean atrapadas con parejas abusivas.”

A esta violencia hay que sumar el aumento de la ciberviolencia ejercida contra las mujeres y las niñas. Según diversos medios de comunicación, publicaciones en redes sociales y estudios sobre derechos de las mujeres, están aumentando las diferentes formas de violencia en línea, incluido el acoso sexual.

Los efectos de la pandemia sobre la salud mental de las personas y la crisis económica repercuten más desfavorablemente sobre las mujeres. Crece el miedo, la ansiedad, el estrés financiero o el consumo de alcohol, sumados a la dificultad de los servicios sanitarios y sociales para comunicarse con las víctimas y apoyarlas.

Mujeres de Negro pensamos que la violencia contra las mujeres es un problema de salud pública y una grave violación de los Derechos Humanos y pedimos:

  • Que la prevención y la gestión de la violencia contra las mujeres sea una parte fundamental de los planes de respuesta ante el COVID-19.
  • Que se respalde y financie a las organizaciones de defensa de las mujeres.
  • Que se aumente el apoyo psicosocial y el asesoramiento en línea, empleando soluciones tecnológicas como, por ejemplo, los SMS, herramientas y redes digitales para ampliar el apoyo social.
  • Que se cree un medio para llegar a las mujeres que no tienen acceso a teléfonos o Internet.
  • Que no se consientan ni se toleren conductas, sean individuales o sociales, que conlleven violencia contra las mujeres y que se desapruebe sin tibieza a quien la ejerza.
  • Que las mujeres nos rebelemos contra las violencias que nos encontramos en nuestras vidas.

Actuemos con las demás mujeres para acabar solidariamente con las distintas violencias que padecemos.

 

Mas información en: 

Mujeres de Negro contra la Guerra