Desde la asociación vecinal EL PUEBLO QUE QUEREMOS expresamos nuestro total apoyo a la PRENSA INDEPENDIENTE como responsable de un servicio público de primera necesidad: desvelar la INFORMACIÓN real, frente a la propaganda que la oculta en los medios tradicionales. Sólo desde el acceso a una información veraz (derecho reconocido constitucionalmente -art. 20 d- que, como tantos otros, se desatiende en la práctica) es posible la formación de un criterio honesto y de la responsabilidad cívica que como ciudadanía nos alcanza. Una persona bien informada es difícil de engañar y su opinión será productiva para el progreso social. Por el contrario, tal como cunde hoy, sin una información independiente NO es viable una Democracia Real, al no generarse una opinión pública capaz de ejercer, de manera fundada, control político alguno de la gestión del interés común.

Espacio de opinión: por Ulises para El Pueblo Que Queremos

Os exprimiremos hasta la saciedad y luego os llenaremos con nuestra propia esencia

(Orwell, 1984)

Para entender la subsistencia de los medios que dependen del poder económico, que son claramente tendenciosos y como tal inválidos para fomentar la reflexión crítica pero sí el dogma, quizá la pregunta clave sería: ¿Queremos saber o preferimos no saber?

 

Cuando el más exitoso mantra del interés neoliberal (la esencia con que nos han llenado) cala en la ciudadanía: “No hay mejor alternativa”, no queda más confortable opción existencial que la de no querer saber, más allá.

 

El ciudadano que se abandona en los brazos de los medios dependientes de los intereses más selectos, minoritarios, se convierte en un peligro para sí mismo y para los demás. La información (sin contrastar) que recibe (sin contrastar) condiciona su obrar en contra de sus propios intereses, sin ni siquiera darse cuenta. Una población acrítica, que tanto se han trabajado (exprimido) el poder económico con la inestimable ayuda de sus medios dependientes, es su mejor seguro para que todo siga igual a pesar de las víctimas que van cayendo de entre las filas de sus propios seguidores inconscientes.

 

¿Qué parte de culpa tienen esos medios para… que se admire, se idolatre, con lo que supone de exculpación, a los ricos y poderosos mientras se ignora a las personas necesitadas, cuando no se las culpabiliza… o que se apoye que todo servicio público que da dinero sea privatizado y el que implique pérdidas siga siendo público… o que un fondo formado por entidades extranjeras residentes en paraísos fiscales pose sus garras en pisos que nacen socialmente protegidos y hagan negocio de la necesidad… o criticar que exista una banca pública que serene la ambición desmedida de la privada que tantos problemas nos ha traído?

 

Siendo evidentemente falso ¿Por qué durante los últimos 40 años quienes detentan el poder, el económico, han conseguido convencer a la ciudadanía, incluso a la más precarizada, de que las políticas que aplicaban y que sólo a ellos favorecían, la del crecimiento económico constante, era la que a todos convenía, aunque el día a día demostrara lo contrario? ¿Por qué se nos ha convencido que lo que quieren los ricos es lo mismo que lo que quieren los humildes… que los que quieren privatizar la sanidad buscan lo mismo que los que necesitan una sanidad pública de calidad…  que todos somos clase media incluso los muchos que viven por debajo del umbral de la pobreza… de que subir los impuestos a los que más tienen nos perjudica a todos?

 

¿Qué cabe esperar de la tibieza de una prensa tantos años subvencionada por la publicidad institucional, estatal, autonómica y local, en un país cuyas más altas instancias de gobierno han sido condenadas por corrupción estructural en un vergonzoso sinfín “marca España”? ¿Qué podemos esperar de nosotros mismos,  ciudadanía consumidora de esta prensa que hace la vista gorda o despista tan grave y lamentable realidad con fuegos de artificio puramente ideológicos?

 

Indiferencia e ignorancia, desinterés y desinformación son cosas que la sociedad no puede seguir permitiéndose. Son signos claros de que el interés dominante minoritario ha conseguido la plena hegemonía hasta hacer invisible, con la asistencia de sus medios, la esencial injusticia que destila, la violencia social que representa, el peligro de catástrofe que en estos días, sin embargo, nos despierta.

 

Puede resultar paradójico, pero en esta época que vivimos en que es muy fácil acceder a gran cantidad de información resulta muy complicado encontrar información fidedigna y, a la postre, estar bien informados.

 

Sólo una información honesta con la verdad alumbra las realidades que admiten poca discusión y que, de verdad, preocupan a los demócratas decentes del mundo, como la de que cuanto mayor sea la distancia entre la minoría acomodada y la mayoría empobrecida, en España y en el mundo, más graves serán los problemas sociales y ambientales: de empleo, de sanidad, de educación, de emigración, de medioambiente, de convivencia.

 

Hoy, en plena crisis de salud pública que lo es de política y civilización, se necesita más que nunca un periodismo vigilante y comprometido con la verdad y el interés general y, en especial, no complaciente con ninguna forma de poder. Es demasiado grave seguir despistando el criterio ciudadano y hurtarle la posibilidad de acceder a los datos que le permitan analizar y comprender la relación de causa/efecto de los hechos que nos han traído, traen y seguirán trayendo crisis tras crisis, cada vez más graves, más cercanas. Salvo que lo impidamos.

 

La soberanía popular consciente, tan necesaria para prosperar como sociedad, sólo se hará efectiva y eficaz informada por medios independientes y no subvencionados por esos poderes económicos que por subsistencia “no muerden la mano que les da de comer” aunque demasiadas veces sea la mano que está detrás de la corrupción, del expolio de lo público, de la estafa y de la fractura social, del monopolio del mercado, del miedo, la injusticia, la insolidaridad y, como no, de las puertas giratorias (hoy por mi y mañana por ti). Si son estos intereses en la sombra, todopoderosos, quiénes manejan los hilos de la información que absorbemos, la pregunta que debemos hacernos es ¿Cuál es la consciencia ciudadana sobre la realidad, aquella a partir de la que opina, se exalta y elige en consecuencia?… será ¿la que conviene al IBEX, al Fondo de inversión o al paraíso fiscal o la verdad desnuda que interesa a la persona desahuciada o a la explotada o al inmigrante culpabilizado o al ciudadano responsable?

 

Para hacer visible lo que han conseguido hacer invisible, sacar a la luz lo que interesa oculto se precisan profesionales consagrados, no a fomentar viscerales tensiones ideológicas, sino a obtener noticias de interés global, a contrastar su veracidad, analizarlas y situarlas en el contexto que permita entenderlas sin contaminarlas, a partir de las que la ciudadanía pueda configurar un criterio objetivo y obrar en beneficio de ese interés común indispensable para crecer como sociedad, digna y solidaria.

 

Sólo medios de información independientes podrán hacerlo, pero necesitan la colaboración de la mayoría a los que nos interesa conocer la verdad. El camino es colectivizar el acceso a la realidad y hacerlo pasa por que seamos la ciudadanía la que subvencione ese acceso, para que sea a la ciudadanía, a sus intereses verdaderos, a su esencia (no la ajena con la que nos han llenado) a la que se deban únicamente los medios.

 

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