Un paseo analítico de la mano de los “Capitanes A Posteriori” y otra fauna diversa

Opinión: por Ulises para El Pueblo Que Queremos

Hace un par de días celebramos el día mundial de la BIODIVERSIDAD, un momento idóneo para reflexionar sobre cómo la pandemia por COVID 19 ha alterado nuestras vidas. Y lo es en la medida en que esa maravillosa Biodiversidad que, como conjunto de seres vivos, ambiente en que vivimos y relación entre todas las especies, nos ha permitido llegar hasta aquí, representa la mejor aliada para evitar nuevas pandemias, una amenaza latente que lejos de menospreciar, como se ha hecho hasta ahora (y de aquellos polvos estos lodos, y sin caceroladas reivindicativas que lo denuncien), debemos tener muy presente.

La diversidad en general enriquece, y la BIO en particular, pues supone que una variedad de actores ofrecen una pluralidad de opciones, alimentando su beneficio particular a través del interés COMÚN.

Conseguirlo solo depende de un factor: crear entornos colaborativos y simbióticos eficaces. Buen rollo, para entendernos.

 

Sin embargo, como todo sistema, la Biodiversidad también tiene su lado en sombra. Entre lo diverso se cuelan, están en su derecho o en su condición, opciones mejorables o directamente inservibles para progresar, y sus manifestaciones son una buena ocasión para poner a prueba la competencia de nuestra Biodiversidad, su capacidad para neutralizar tales opciones regresivas y que perturben lo menos posible la armonía del conjunto y, en definitiva, su continuidad como sistema.

 

Y es aquí dónde irrumpen con sonoridad propia los congéneres, quizá de diversidad limitada, que provistos de cacerolas pretenden expresar cierto pesar y colaborar con ello -pensemos que es así- en la mejora de nuestra Biodiversidad, en estos días seriamente cuestionada. Pero claro, huelga decir que estas actitudes “colaborativas” (que nada tienen que ver con la llamada “inmunidad de rebaño”) distan mucho de ofrecer alternativas aprovechables para orientar despistes, decisiones gubernativas mejorables o estrategias erráticas, siempre improvisadas, propias de procesos inéditos como el que transitamos a nivel mundial.

Lo primero es advertir que si el ruido pretende llamar la atención sobre los abusos, expolios o torpezas políticas y culturales que nos han traído o al menos favorecido tan inoportuna pandemia y sus gravísimos efectos, ya pueden cambiar de recurso pues el efecto sónico de una cacerola apenas transmite emoción inteligente que invite a la reflexión constructiva y, desde luego, no alcanza a los foros internacionales implicados en la génesis, análisis y control de este ser diminuto, transfronterizo y rabiosamente diverso y escurridizo.

Quiénes golpean cacerolas o quiénes predican en púlpitos representativos que otros lo hagan (menospreciando el riesgo de repunte y consolidando la irresponsabilidad, de la que parecen vivir… ejemplo de biodiversidad), se han mostrado incapaces de evidenciar que, con ellos, se hubiera hecho mejor. No existe registro alguno (pruébese a buscar; será inútil pero en confinamiento llevadero) de propuestas prácticas alternativas y solventes. Mucho ruido tendente NO a aportar soluciones, como favorece un entorno sano en Biodiversidad, sino a atribuir los resultados de la pandemia a la exclusiva incompetencia del Gobierno central… De más les queda reparar en la parte de responsabilidad de los gobiernos anteriores y en su falta de previsión; o en la actitud (tantas veces grotesca y vergonzante) del Gobierno autonómico, detentador de la in-competencia en sanidad y en las residencias de mayores, en virtud de hacer negocio con una y otra; ni detenerse a valorar la respuesta asimismo improvisada del resto de los países del

mundo, algo elemental para tener una visión de conjunto que avale juicios de valor con fundamento y poder analizar la crisis en su complejidad.

La Biodiversidad también ampara la “libertad” de entender, decir y hacer lo que te señala el club o partido en el que militas, de carnet o de-voto. Incluso salir en procesión a contaminar el hoy aire limpio de las ciudades en señal de protesta dentro de tu amado vehículo y en formación de un atasco que forma parte del ser y sentir de la capital, en palabras de quien antes llevaba el twitter de un perro y hoy es la presidenta electa de Madrid. Biodiversidad en estado puro, aunque quizá, no de la buena, buena.

Es verdad que no he asistido a cacerolada alguna y que su estruendo es tal que la distancia hace inviable que el mensaje que nos quieren compartir se haga inteligible (no digo inteligente). Como no quiero ser injusto y cabe la posibilidad de que ese brote de biodiversidad callejera tenga algo que aportar al progreso y yo sin enterarme, y que vaya más allá de lo aparente: “los que están gobernando que se vayan y que entren los míos… porque el comunismo bla (rellénese con cualquier ideario base disponible), si alguien de los que pueden escuchar sus sugerencias colaborativas no las comparten se agradece, pues no estamos para desaprovechar la riqueza que la Biodiversidad conjuga a favor del progreso y, tal vez, entre golpe a cacerola y golpe a sartén se escucha proponer:

  •  Sólo un organismo internacional dotado de autoridad aceptada por todos puede evitar pandemias o sus peores efectos, nunca el pretender solucionarlo país por país.
  •   Unidos saldremos antes y mejor de una crisis que es mundial. Crear tensión y fractura social es la peor receta para sacar algo positivo del drama.
  •  La Sanidad Pública NO puede ser un negocio
  •  El gasto en Investigación debe eclipsar de forma definitiva al de defensa.
  •  La aglomeración urbana es un caldo de cultivo y de expansión clave para las pandemias
  •  La biodiversidad sana debe cuidarse empezando con recuperar el mundo rural
  •  El mercado desregulado nos conduce al colapso seguro como especie, pasando por estados de cruenta injusticia social que nos convierte en cómplices insensibles ante el dolor ajeno.

 

Si todos estos mensajes proactivos, diversos y libres se pierden en el tiempo como lágrimas en la lluvia, por mor del tañido combinado de enseres de cocina y/o claxon… sería una pena.

Personalmente creo que la gestión del gobierno de la crisis en España, dirigida bajo pautas científicas como las del Centro Nacional de Epidemiología, Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, que son discutidas en redes con los argumentos de autoridad y rigor intelectual que abundan en las redes ahora y en la barras de los bares antes del confinamiento, está marcada en lo esencial –lo demás es relevante pero secundario- por una falta de previsión GLOBAL, NO exclusiva de nuestro país, ante el riesgo latente de pandemias advertido por los científicos, aunque quizá no suficientemente a sabiendas de que vivimos en un mundo que no quiere saber aquello que no da dinero y anuncia preocupaciones. Esta imprevisión se ha traducido en que el virus ha arrollado nuestro cándido bienestar global dejando en evidencia las deficiencias que el mercado impone en los cuidados, cuando de lo que se trata es de ganar dinero, no de ser eficaces con esos cuidados. Y esto es aplicable a todos los países del “primer mundo” en una clara muestra de peligrosa y limitada Biodiversidad, que hemos de corregir de forma urgente.

Y la mejor forma de hacerlo, de aprender de los errores y dar una oportunidad a una Biodiversidad creativa NO es precisamente alistarse en el populista ejército de la “protesta sin propuesta”, convertirse en otro de tantos “Capitán A Posteriori” (personaje de South Park) o, como reza ese refrán que les resultará muy familiar a los que se encuentran entre coches y cazuelas: “A toro pasado, todos somos Manolete”.

Porque de las manos de esa pérdida de Biodiversidad y del confort de la ignorancia se extiende la costumbre de analizar la pandemia (así como todas las crisis imprevistas) SIN tener presente que las decisiones de gestión se improvisan de forma urgente en un determinado momento y en base a los datos disponibles (hechos y ciencia) en ese preciso instante. El término falacia del historiador, que tan poco biodiversos nos hace, hace referencia a la 

 

Veamos ciertos hitos temporales para tomar perspectiva:

 

24 de enero. El Ministerio de Sanidad elabora, en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III, un protocolo específico de actuación frente a casos de infección por el coronavirus y mantiene contactos permanentes con los organismos internacionales (OMS, Centro de Control de Enfermedades Europeo y Comisión Europea) para evaluar los riesgos de la situación y coordinar las medidas de respuesta.

12 de febrero. Cancelación del Mobile World Congress

La baja de unas pocas pero relevantes empresas tecnológicas a primeros de febrero propicia la cancelación del MWC a celebrar a finales. En ese momento se tenían detectados 20 casos de coronavirus en España. Amplios sectores del mundo empresarial, periodístico y político, con el aval de muchos científicos defendieron (algunos con reproches al gobierno, de los que ahora tienen quizá una cazuela entre las manos), con los datos objetivos conocidos en aquel momento, su celebración, salvo la lógica restricción a personas venidas de Asia. El Gobierno decidió suspender aclarando que, con la información disponible en ese momento “y según los expertos” no había “razones de salud pública” en España “para no celebrar este tipo de eventos”. Ahora resulta evidente que, entonces, se subestimaba la gravedad de la situación sanitaria que se avecinaba.

19 de febrero. Partido del Atalanta-Valencia en Milán. 44.236 personas asistieron, de entre ellos 2.500 eran valencianistas. Ahora la OMS indica que ese partido fue “un momento clave” en la expansión del virus en Italia. Entonces, no lo parecía.

25 febrero. Se activa el protocolo específico, tras confirmación de primer positivo, en un ciudadano italiano procedente de Lombardía (Italia), en las pruebas por coronavirus realizadas en Santa Cruz de Tenerife. El paciente se encuentra aislado y bajo control sanitario. El presidente del Gobierno se reúne con el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, con el objeto de actualizar la información disponible y coordinar las medidas a tomar con todas las Comunidades Autónomas

23 de febrero-4 de marzo. Cancelación de clases en Italia

En Lombardía se cancelaron las clases el 23 de febrero. Días más tarde, el 4 de marzo, en toda Italia. Su efecto es un movimiento de personas al no haber cierre de fronteras. Hoy, estos desplazamientos de Italia a España se señalan como uno de los focos de la propagación del virus y hay quien, a toro pasado, habla de que debían haberse cerrado las fronteras en ese momento. Estos juicios pasan por alto (pararse a pensar no es su fuerte), en una sociedad en la que la libertad de movimiento es un bien tan preciado (que se lo digan a un ex presidente que

alardeaba de que a él no le tenían que decir lo que podía beber… al volante), que sólo sería admisible una aplicación gradual de las medidas restrictivas, en función de cómo evolucionaba la gravedad de la situación, evitando así el shock social de pasar de la normalidad absoluta a una restricción total. ¿Se hubiera entendido que con los datos que teníamos entonces se hubiera decretado el cierre de fronteras dejando a millares de estudiantes de erasmus en otro país?

8 de marzo. Manifestación del Día Internacional de la Mujer y otros actos multitudinarios

Celebrada no solo en Madrid o Barcelona, sino también en París, Berlín, Bruselas, al tiempo que numerosos eventos culturales, deportivos y políticos, como el mitin de Vox en Vistalegre o la celebración de las primarias de Ciudadanos. Así, en Alemania se celebraron las manifestaciones del 8M y partidos de la Bundesliga como el Borussia Mönchengladbach- Borussia Dortmund, en un estadio con capacidad para 80.000 personas a 10 km de Heinsberg, epicentro de la pandemia en el país. En Francia se mantuvo la liga de fútbol, las manifestaciones del 8M e, incluso, el campeonato olímpico de natación artística

Ese día había contabilizados en España 589 contagiados, 202 en Madrid. Con los datos que se disponían en ese momento, no con lo que sabemos actualmente, no había unanimidad sobre la pertinencia de medidas de restricción de concentraciones de personas. Ahora todos estamos de acuerdo en que mejor si no se hubieran celebrado manifestaciones, partidos de fútbol, mítines y miles de situaciones de concentración ciudadana. “Pero eso es ahora”. Un error de valoración sin duda, pero que se hace complicado deducir que “otros” lo hubieran hecho diferente, en especial el grupo político que hoy encabeza los atascos en las capitales en vehículos descapotables y festivaleros (eso sí exigiendo a otros corbata negra en señal de duelo) que tuvo a toda su cúpula rectora en loor de multitudes ese mismo día 8. Se puede ser poco biodiverso pero ¿tan ciegos?. Ellos, cazuela en mano, no lo saben, pero se conoce como “Sesgo de distorsión retrospectiva” y altera la percepción (la ajusta a nuestro interés) que tenemos hoy de lo ocurrido hace un tiempo.

 

Parece claro que, en ese momento, la necesidad de una respuesta conjunta de la UE era la que convenía para afrontar con mejores opciones la crisis. Que lo mejor de la Biodiversidad se pusiera a trabajar armónicamente. PERO no se hizo: ni Italia, ni España, ni Francia, ni Suecia, ni UK, ni la admirada Alemania. Reinó el “sálvese el que pueda”, el nacionalismo estrecho de miras y de posibles que pugna por abrirse paso en nuestra Biodiversidad carcomida, actuando cada uno por su cuenta y evidenciando lo que es el mercado: un campo de batalla idóneo para los depredadores y carroñeros que hicieron su agosto estafando a los responsables públicos (estatales y autonómicos) desprevenidos, que pretendían ponerse al día con sus descuidos demasiado tarde y en tromba.

Un estudio de la Universidad de John Hopkins evidencia que los países europeos fueron tomando decisiones en torno al coronavirus sin coordinación, sin tener en cuenta que el virus no entiende de fronteras. Y se observa que ninguno de los países de entidad y nivel de afectación homogénea puede dar grandes lecciones, más allá –y esto ha sido y será determinante- de los recursos sanitarios y asistenciales públicos de los que partían, disponibles ANTES de la pandemia. Veamos:

 

¿Cuántos días pasaron entre que se contabilizaron más de 100 casos confirmados por COVID- 19 y la implementación de cada medida?

 

 

 

¿Cuántos días pasaron entre que se produjo el primer fallecido confirmado por COVID-19 y la implementación de cada medida?

 

A la vista de estos datos y antes de arrear a la cazuela en el turno de hoy y engrosar la filas de los tundidores me pregunto ¿Se actuó tarde en España? España tardó cuatro días en seguir el ejemplo de Italia, mientras que otros países –Francia o Reino Unido– tardaron más. Otros, sin embargo, actuaron con menos fallecidos que España, o sin fallecidos reconocidos –lo cual no quiere decir que no hubiera habido, sino que no se constató hasta entonces que fueran por coronavirus–, como Bélgica, Alemania, la República Checa o Grecia. Eso sí, las medidas más contundentes y seguras se tomaron en Italia y España. ¿Justifica lo visto tundir la cazuela?

Aguanto el evidente tirón que tiene meter ruido cargado de razones sin razonar y vuelvo a echar otro vistazo cronológico de la reacción ante la pandemia de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España. Interesante es ver el ambiente que se respiraba en Europa sólo una semana antes de que saltaran todas las alarmas por el coronavirus. Su observación puede ayudarnos a calificar mejor el particular descuido de nuestro gobierno y tomar medidas (como son, para alguno, juntarse cientos de personas ruidosas en la calle con ansia desatada y pandemia olvidada) o, al contrario, evidencia que de particular nada y que todos los países terminaron tomando decisiones tardías similares de distanciamiento social, refuerzo sanitario y políticas de choque económico. Comprobemos si la improvisación terminó siendo un modus operandi casi inevitable para todos los países, incluso para Alemania, que se había preparado para una crisis más leve. Así pues, a pesar de que la alerta por COVID 19 ya había aparecido en enero, la llegada del coronavirus a Europa encontró a casi todos los gobiernos confiados y desprevenidos.

No perdamos la calma, está controlado. Entre el 3 y el 7 de marzo, Alemania aparte de andar colocando deuda a intereses negativos y escandalizarse por la presencia de un dron en el aeropuerto de Fráncfort, consolidaba una estrategia de prevención, porque tenía medios para hacerlo (otros no), que luego demostraría ser exitosa, realizando tests masivos y aislando a las personas infectadas. Francia y España mostraban cierta inacción, limitándose a atender las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual mantenía todavía una percepción de “riesgo muy alto” del virus pero no de pandemia y, según la agencia EFE, “consideraba que cerrar espacios públicos y cancelar eventos multitudinarios contribuía a generar una percepción de riesgo superior al real”. Reino Unido, por su parte, abogaba por mantener la actividad normal en el país, confiando en la estrategia de la inmunidad de rebaño y así les fue.

–  Cuidadooo¡¡ El tema es más grave de lo previsto… ¿Qué hacemos? La situación cambió drásticamente el fin de semana del 7-8 de marzo, cuando los casos empezaron a crecer exponencialmente en toda Europa. Según la OMS, los casos confirmados y las muertes estaban en Italia en 7.400 y 366, respectivamente; en Alemania en 902 casos y ningún fallecido; en Francia en 1.100 infectados y 19 decesos; en Reino Unido, 277 y 2 víctimas mortales; y en España 374 y 5 fallecidos.

Los gobiernos de toda Europa empezaron a intuir la gravedad de la situación. Sin embargo, empujados seguramente por cálculos políticos y presiones económicas, apenas adoptaron medidas preventivas parciales, principalmente restricciones de acceso a residencias, hospitales y cárceles, manteniendo, sin embargo, los eventos de afluencia masiva (manifestaciones, partidos, mítines).

–  O dejamos de vivir en el habitual espejismo de que las crisis graves sólo ocurren en el tercer mundo o se nos va de las manos

En los siguientes días empezaron a precipitarse las medidas de distanciamiento social radical, de refuerzo sanitario y a aprobarse medidas económicas de choque, todas ellas ciertamente similares entre países. Así, entre el 10 y el 14 de marzo, Francia, Bélgica, España, Portugal e incluso Alemania, tomaron las mismas medidas de alejamiento social: cerrando escuelas, museos, parques y cancelando eventos públicos. Fue el 11 de marzo cuando la OMS declaró la pandemia mundial. Y entre el 14 y el 18 de marzo se declaró, en todos los países, el estado de emergencia, limitando la actividad de los países a labores esenciales (Italia ya lo había hecho el 12 de marzo). La excepción seguía siendo el Reino Unido que, alardeando de superioridad científica, recomendó un distanciamiento social no obligatorio, aunque tuvo que adoptar la misma estrategia que los demás pocos días después.

Igualmente, todos los países buscaron reforzar la capacidad de sus sistemas sanitarios. Ahora bien, aquí encontramos diferencias estructurales entre los países que resultaron capitales, tanto en capacidad sanitaria de base como en margen de gasto fiscal.

 

Veamos para conocer y, en su caso, arrear cazuelas:

  • Indicador básico de calidad del sistema sanitario es el número de camas por cada mil habitantes. Según la OCDE: 8 Alemania, 5,9 Francia, 3,2 Italia, 2,9 España y 2,5 Reino Unido.
  • Otro factor es el gasto en sanidad: 5.056 $ per cápita en Alemania; 4.141 $ en Francia; 3.138 $ en Reino Unido; 2.544 $ en Italia y 2.341 $ en España (recortada)

 

Datos reveladores.

A partir de aquí, todos los países realizaron fuertes inversiones sanitarias, en especial, aumentando el número de pruebas realizadas. Aquí encontramos diferencias notables en Europa. A finales de abril, Italia tenía una tasa de 32,7 tests por cada 1.000 habitantes; Alemania 29,1; España 28,9; Reino Unido 13,3; y Francia 11,1.

Finalmente, todos los países dictaron leyes que mitigaran el impacto económico. Las cifras son difíciles de calcular, por las constantes revisiones, pero todas muestran cantidades de gran calado. Así, según EFE, Alemania comprometió una inversión por valor de 156.000 millones de euros y garantías por 600.000 millones, un 22% de su PIB. Francia aprobó una inversión de 100.000 millones y garantías por 300.000. España aprobó una inversión de 200.000 millones, 20% del PIB, porcentaje muy similar al de Alemania. Reino Unido ofreció garantías por valor de 360.000 millones. Italia comprometió ayudas de 75.000 millones y garantías por 400.000 millones. Todos los países coinciden en ofrecer ayudas a los autónomos y pymes (posponiendo pagos de impuestos, servicios y cotizaciones) y préstamos a empresas.

España e Italia ¿alguna particularidad que explique su mayor incidencia y gravedad? (al margen de UK cuyo negacionismo gubernamental les ha abocado al desastre)… reconociendo que España es líder con Alemania de recuperados. Expertos de los que no se prodigan en las redes apuntan:

  •  la elevada esperanza de vida es relevante y el consiguiente incremento del número de ancianos en residencias
  •  lo más significativo, por su particularidad, es la estructura social mediterránea, sus costumbres y modos de relacionarse. Son sociedades muy familiares, en las que los abuelos cuidan a los niños al salir del cole, y que gustan de abrazar y besar, de quedar con los amigos para tomar algo. En esto la diferencia con el norte de Europa se agudiza y no digamos en los países asiáticos
  •  Un estudio promovido por la UE en 2008 que analiza el contacto entre grupos de edad en ocho países europeos para determinar su impacto en la propagación de enfermedades infecciosas. España no sale, pero Italia sí, y es razonable creer que los datos serían parecidos: los ancianos italianos tienen mucho más contacto con niños y jóvenes (portadores asintomáticos del virus) que los alemanes.

Para terminar este paseo por la Biodiversidad, el Covid y las cazuelas, las cuestiones que siguen en el aire..

Cacerolada Sí o no. Con previa reflexión o sin ella.

Cacerolada dirigida a los que tienen competencia permanente en Sanidad o a los que toman las riendas circunstancialmente

Cacerolada a los representantes políticos que hemos elegido por no haber anticipado propuesta alguna de prevención o a los elegidos por otros que nada nos prometieron.

Cacerolada ininteligible pero mediática o propuestas de medidas inteligentes y discretas pero beneficiosas para todas, aunque incomoden al negocio de la salud.

Cacerolada con intención sincera de colaborar para evitar una nueva crisis o cacerolada como EXCUSA para echar al gobierno.

Que el gobierno NO lo hizo bien parece evidente. Que le atropelló la inesperada capacidad pandémica del virus, obvio. Sin embargo, del camino sosegado que antecede es razonable concluir que tales torpezas gestoras producto de la improvisación ante lo inesperado son imputables a TODOS los países y, en especial, a los organismos internacionales de salud. Aquellos, todos, terminaron improvisando medidas muy similares conforme se iba expresando la crisis en toda su gravedad. Incluso Alemania, que habiendo destacado por una exitosa estrategia de prevención –ella podía- de la que todos deberíamos aprender, tuvo que tomar medidas drásticas y repentinas. Una mirada amplia, más allá de la cazuela o del prejuicio, se hace fundamental para dimensionar la magnitud del problema.

Que el gobierno no estuvo a la altura de la gravedad, no hay duda. Pero, objetivamente, transmite una doble sensación que genera confianza y que interesa reconocer: el sometimiento explícito demostrado a la opinión de los científicos en su gestión, subordinando todo otro interés y su disponibilidad por aprender de lo imprevisto, para que no vuelva a ocurrir e intención de implementar las medidas oportunas, cuesten lo que cuesten. Esto es determinante y habrá que estar muy atentos para exigir que así sea (para ello, prestar atención, las cazuelas estorban)

Si por un lado tenemos este perfil gestor y, no muy lejos, otros perfiles, Biodiversidad mediante, tan estrambóticos que cuesta creer que sean realidad y no desagradable ficción distópica (no es mal guion “este virus inventado por los chinos con un buen trago de desinfectante nacional se cura”… “y mejora con techos altos en los hospitales”… “yo bajo los impuestos a los que más tienen y ahora pido donaciones por internet y supero este bache”) cuyos protagonistas (los hay en muchos países: Brasil, Rusia, UK), curiosamente, presentan discrepancias con sus asesores científicos que se resuelven con estos en la calle, a la postre debemos sentir un cierto brote de tranquilidad pues podía ser escandalosamente peor.

Una incompetencia funcional del gobierno, como la vivida, NO la hace buena la terrorífica incapacidad de otros. PERO su análisis comparativo nos ofrece un espacio a la esperanza, lo que en los tiempos que deambulan (algunos quieren correr ya olvidadizos) es de agradecer.

La maravillosa novela “Fractura” (A. Neuman), habla de que “las catástrofes propician revoluciones que nadie se atrevía a hacer”. Y sigue “Todos queremos volver a la normalidad, pero me pregunto si podemos. Incluso si debemos”. De lo visto en esta rara loa a la Biodiversidad cuyas últimas líneas son estas, parece claro que lo último que conviene es volver a la normalidad que nos ha traído hasta aquí. No debemos hacerlo.

La actualidad impone una amnesia electrizante de la que interesa estar prevenidos. A tal fin, el ruido de cazuelas (parecido al de sables) no es buena idea. No es una idea siquiera.

Tanto para enfrentar el riesgo de pandemia como para neutralizar los efectos de la amnesia la Biodiversidad está de nuestro lado y pugna por la evolución. Llevamos unas décadas en que evolucionar está bajo amenaza. Aprovechemos esta crisis global para hacer lo que nadie antes se atrevió a hacer: un mundo mejor para TODOS, o el mundo no será de nadie…

 

Autor: Ulises