Seguramente la máxima ilusión ciudadana es comprobar que los representantes políticos, los suyos y los de otros, unen voluntades y acciones para hacer viable el bien de la comunidad. Por desgracia padecemos el hecho de que sea excepcional que esta ilusión cívica se consiga, pues se constata que se obtiene mayor rédito del enfrentamiento que de la colaboración.

Imagen:Ayuntamiento Las Rozas. Pleno Municipal

La grave crisis sanitaria global que atravesamos es una triste muestra de ello. Donde la ciudadanía desearía ver -lo necesita- un eficaz consenso de acción, encuentra inútil disputa partidista.

Sin embargo en el ayuntamiento de Las Rozas, como en todos, a veces la excepción irrumpe y se produce el acuerdo unánime, aunque sea como en esta ocasión espontáneo, sin trabajo previo.

Un conjunto de más de 50 vecinos y vecinas, que formamos la asociación El Pueblo Que Queremos, a la vista de la situación dramática en que habían quedado las más de 10.000 personas refugiadas en Lesbos tras el incendio, solicitamos al ayuntamiento, pidiendo su implicación a cada grupo  político con representación, destinar una parte del presupuesto de FIESTAS, que por las circunstancias de pandemia NO se iba a utilizar, a ayudar a mitigar tanta desolación y sufrimiento, a través de ACNUR y Médicos Sin Fronteras, organizaciones de reconocido compromiso social e implantación internacional.

La respuesta del  ayuntamiento y de todos y cada uno de los partidos fue UNÁNIME: EL SILENCIO, el mirar para otro lado o simplemente NO mirar.

 

Decía Leo Buscaglia que “con demasiada frecuencia subestimamos el poder de una caricia… con el potencial de cambiar la vida

 

En vuestra calidad de gestores y representantes políticos, os  pedimos que hicierais realidad que el pueblo de Las Rozas lanzara una “caricia” a esas mujeres, niños, hombres violentamente desplazados y que quedaron en la intemperie, que les hiciera sentir que no están solos, que en un lugar del “primer” mundo (que ojalá fuera ejemplo  para otros) hay gente que dentro de  sus posibilidades se preocupa por ellos. Porque esas “caricias” reconfortan más allá del bien material, dan fuerzas cuando ya no hay de dónde sacarlas.

 

Es triste y sobrecogedor comprobar que ni un solo grupo ha mostrado interés por prestar esta ayuda. ¿Dónde queda su sensibilidad social, su humanidad? ¿Qué ejemplo es el que ofrecen a la ciudadanía que representan? ¿Es lo que esperan sus votantes de ellos?.

 

En fin, mientras esperamos, eso sí, la apertura del próximo centro comercial, nos queda muy lejos en Las Rozas la maravillosa reflexión de Doris Lessing: Se tienen menos necesidades cuanto más se sienten las ajenas”. Una orientación empática e inteligente que más vale pronto que tarde se abra camino en nuestra sociedad, por nuestra salud mental y física –ser solidario alarga la vida- y por el porvenir sostenible de la comunidad.

 

Pero a la vista de la desidia insensible de los  actuales, habrá que esperar a los siguientes…